domingo, diciembre 31, 2006

Frases de un año a mejorar (Parte II)


Este blog, y su espejo Alba y Alvaro han nacido en el 2006. Nacieron de manera diferente, cada uno provocado o creado por diferentes razones. Y se han mantenido hasta ahora, hasta el fin de año. Lo han hecho por el amor que existe entre nosotros. Como le gusta decir a Álvaro, no es "un amor perfecto, pero tampoco los ángeles tienen hélices". Nos queda mucho por hacer, mucho por decir, nos tememos que mucho por temer... pero ojalá este año que viene despeje alguno de esos temores que ahora atenazan partes del cuerpo que no se pueden tocar. Que mejor despedida para este año que recordar lo mejor de él: nuestras caricias en forma de palabras, de escritos. Cada uno hemos elegido las que hemos creído mejores. Las razones...

Alba:

Me has escrito frases que significan amor, pasión o deseo. También me has regalado palabras que no son tales, sino que son miradas, caricias y abrazos . Como bien dijiste tú una vez, "nunca me has dicho mejor lo que me amas".

"Y como no hay palabras ni caricias suficientes para decirte todo esto. Como no me siento capaz de escribirte ni decirte de veras lo que siento por ti, como nunca lograre sino un reflejo de lo que siento, por ejemplo, al mirarte de perfil y verte sonreír, por eso, en lugar del post de hoy, te he escrito este”.

“Y luego, no hay paz comparable a la que encuentro en tu mirada. No hay tranquilidad que se compare a la que surge de mis manos acariciando tu descanso”.

“Y si te escondes, recorrerán mi alma en busca de recuerdos. Y tocarán tu piel en mi memoria, y jugarán con tus pezones y tu sexo, esperando, de nuevo, a envidiar a mis miradas en tu vuelta y, más tarde, a ser envidiados ellos por descansar entre tu piel y el aire”.

“Y me gusta, me gusta cuando parece que te mueres, porque nunca estás tan viva como entonces, y me perteneces y te pertenezco, y casi, casi, te puedo tocar entera con mis labios, y dejarte entonces un te quiero”.

“Y yo te llevo.
Eres mas mía que nunca en ese momento, justo antes que tu cuerpo se extienda y se tense en un orgasmo. Y entonces es cuando estoy más excitado. Entonces es cuando todo se reduce a entrar dentro de ti, a formar parte de tu cuerpo. Entonces todo se reduce a que me abraces, a que nos digamos te quiero sin palabras, a que cada movimiento en tu interior haga que todo crezca y todo muera, y todo de lo mismo. Notarte alrededor de mí. Notar como me quieres.
Nunca me has dicho mejor lo que me amas”.

“Quiero que mis labios te despierten, y que poco a poco tu sexo se me rinda, se me antoje eterno y ansioso por recibir de mis caricias. Quiero decirte que te quiero mientras hundo mi lengua en los interiores de tu piel. Quiero decirte que me gusta, que me derrota besarte mientras no estas a otra cosa que quererme. Que no desees otra cosa que mis labios, mis besos, mis deseos y mis sueños centrados en el punto de tu ser que en el que quiero amanecer. Al alba.
Alba en mi”.

“No me dejes sin aire, mi amor. No me dejes sin el viento que trae tu mirada, sin la brisa de tus manos en mi piel desnuda, sin la tempestad de tu cuerpo siendo penetrado por el mío. No me dejes sin aire, mi amor. No me dejes sin él, porque me ahogo


Alvaro:

Me encanta que me acaricies de cualquier manera, y desde luego, me encanta que hayas sabido acariciarme con tus palabras escritas. Caricias que han llegado, al menos, tan lejos como las procuradas por tus manos

"El agua. Alli él me hacia el amor apasionadamente. Alli era donde me sentia suya por entero, donde mi corazon y mi mente volaban hacia otra parte, donde no hay nadie, donde solo existimos nosotros dos y nuestro amor donde soy una parte de él y él de mi, donde solo somos uno. Nada existe fuera de nosotros dos, nada importa mas que nuestros corazones latiendo a la vez. Y me sentia la mujer más amada del mundo.....Esto sí es para ti, Alvaro, porque tu, y solo tu siempre has sido el centro de mis sueños "

"Y después, imagina un susurro que parece el roce del viento en tu cuello, el sabor de la pasión en tu boca, un dedo pasando suavemente por tu piel. Despacio, muy despacio"

"Veo tu mirada y me rindo a ti. Te quiero dentro de mí, te necesito dentro de mí. Y te tengo. Juntos, nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestros pensamiento son uno, Soy tuya y eres mío. Quiero que me sientas, que me acaricies que me beses… quiero oír tus palabras susurradas hablándome de pasión y de amor, aunque no hay nada que nuestros cuerpos no hayan dicho ya. No quiero que pares, no quiero que acabe. Ahora mismo nada importa. Somos como el agua y la sal en el mar; como el fuego y el calor, como el sol y la luz, imposibles uno sin el otro Tan compenetrados como nuestros nombres. Y te llamo: Álvaro….. mi amigo.. mi amante… mi amor."

"Me voy a arreglar pensando en ti y me voy a poner el vestido que tanto te gusta, ese que esta hecho de deseo. Y dejaré que me acaricies con los ojos, permitiré que me sientas otra vez entre tus brazos. Y volveremos a besarnos como lo hicimos por primera vez en una estrella.Quiero volver a sentir como tus labios me recorren haciendo que mi piel se estremezca. Quiero sentirme pequeña entre tus brazos. Quiero tus manos en mi pecho mientras pronuncias mi nombre y me oyes suspirar. Quiero tu sexo entre mis labios, tus labios en mi sexo. Quiero entregarme a ti y que te pierdas en mi cuerpo. Quiero..."

"Quiero entrar en el agua y el parece entenderlo sin que medie una sola palabra entre nosotros. Porque en el agua, entre las burbujas y el calor con sus manos en mi espalda, y su cabeza entre mis pechos le pertenezco y me pertenece por completo. Aquí es donde siento que no existen ni los sueños ni los recuerdos, es donde noto que no hay distancia alguna que nos separe. No existe nada ni nadie. Aquí, y él lo sabe, le entrego algo más que mi cuerpo".

"Casi puedo sentir otra vez tus caricias, oír tus palabras, notar tus manos ansiosas sobre mi piel. Y casi veo otra vez tu cuerpo desnudo pegado al mío, casi vuelvo a notar como alternas tus dedos y tus labios en mi sexo, como entras en mí, como aprisionas mis pechos, como agarras mis caderas, como todo se detiene… casi puedo notarlo.Pero sólo casi. Estoy deseando que llegues, que vuelvas a casa. Estoy esperándote…"

"Mi piel necesita tus caricias, y mis manos quieren seguir tus contornos para grabarlos a fuego en mi memoria y que de ahí no se me escapen. Que enredados en la intimidad de nuestra cama tus susurros me permitan olvidar el pasado y tus palabras me ayuden a llevarme hasta el presente".

"Y un suspiro se me escapa de los labios...Ven, no tardes. Te deseo".

"Me sorprende y me excita a la vez la urgencia de tu deseo, tu pasión, tu fuerza y acabas contagiándome completa y rápidamente. Me siento tan excitada que no me apetece esperar más y sólo puedo pensar en que quiero que me folles".


Y poco más, aunque en realidad lo que ambos deseamos es mucho más: muchos más besos, muchas más risas, muchas más miradas de complicidad, muchas más "telepatutias".

Y muchas más gracias a todos vosotros, que nos habéis leído, que nos habéis comentado, que nos habéis seguido. A todos, que nos volvamos a encontrar dentro de un año y que no falte nadie, y que todos seamos un poco más personas, un poco más felices.


jueves, diciembre 28, 2006

Tendido a la orilla de tus labios

Mi sexo dormido se despierta con las caricias leves de tus dedos. Llamas a mi sangre, llamas a mi alma, llamas al deseo... y todos acuden al encuentro de tus caricias, y llenan las venas que levantan mi cuerpo. Me aprietas, y noto la dureza de tu abrazo agarrando mi deseo. Las palabras se han ido, y de nuevo me recuerdas al agua y al aire en la manera que me envuelve tu presencia.

Y el mar de tu boca me envuelve el sexo en humedad, calor y gloria. Y me tiendo a la orilla de tus labios, y dejo que tus olas mojen mis sueños, y mi mano en tu pelo recorre tu cabeza, como si pretendiera dirigir el viento. Tus manos en mi sexo, tus labios en mi sexo, tus besos y caricias por ellos provocadas me dirigen hacia ningún sitio y hacia todos. Eres capitana de mi nave y me importa una mierda mi destino. Sólo siento deseo. Quiero acabar y no quiero hacerlo nunca. Quizás estés mezclando mis sueños en tu boca, masticando mi alma y alimentando la tuya con el sabor de mi presencia. Y tus olas me llevan a derramar todo. A dejar de existir salvo en el roce de tus labios, a cerrar los ojos y desear que no dejes nunca de existir a menos que estés al alcance de mis labios, de mis ojos, de mis dedos....

Qué bien me besas, coño. Qué bien me tocas. Qué bien me amas en caricias, miradas y deseos. No quiero estar en otro mar que no sea a esa orilla de tus labios.

Fotografía © 2005 Samantha Wolov

sábado, diciembre 23, 2006

Ladrones de deseo #2

Poco a poco se aflojó el nudo que oprimía el espíritu de Álvaro. Percibió la belleza del cielo, la suavidad de la tierra, el olor intenso del campo, el roce de Alba contra su cuerpo.

Adivinó sus contornos y tomó conciencia del peso de su cabeza en su brazo, la curva de su cadera contra la suya, los rizos acariciándole el cuello, la impalpable delicadeza de su blusa de seda casi tan fina como la textura de su piel. Recordó el día en que la conoció, cuando su sonrisa lo deslumbró. Desde entonces la amaba y todas las locuras que lo condujeron a esa caverna eran sólo pretextos para llegar finalmente a ese instante precioso en que la tenía para él, próxima, abandonada, vulnerable. Sintió el deseo como una oleada apremiante y poderosa. El aire se atascó en su pecho y su corazón se disparó en frenético galope. Olvidó el incierto destino y todos los obstáculos entre los dos. Alba sería suya porque así estaba escrito desde el comienzo del mundo.

Ella notó el cambio en su respiración, levantó la cara y lo miró. En la tenue claridad de la luna cada uno adivinó el amor en los ojos del otro. La tibia proximidad de Alba envolvió a Álvaro como un manto misericordioso. Cerró los párpados y la atrajo buscando sus labios, abriéndolos en un beso absoluto cargado de promesas, síntesis de todas las esperanzas, largo, húmedo, cálido beso, desafío a la muerte, caricia, fuego, suspiro, lamento, sollozo de amor. Recorrió su boca, bebió su saliva, aspiró su aliento, dispuesto a prolongar aquel momento hasta el fin de sus días, sacudido por el huracán de sus sentidos, seguro de haber vivido hasta entonces nada más que para esa noche prodigiosa en la cual se hundiría para siempre en la más profunda intimidad de esa mujer. Alba miel y sombra, Alba papel de arroz, durazno, espuma, ay Alba la espiral de tus orejas, el olor de tu cuello, las palomas de tus manos, Alba, sentir este amor, esta pasión que nos quema en la misma hoguera, soñándote despierto, deseándote dormido. vida mía, mujer mía, Alba mía. No supo cuánto más le dijo ni qué susurró ella en ese murmullo sin pausa, ese manantial de palabras al oído, ese río de gemidos y sofocos de quienes hacen el amor amando.

En un destello de cordura él comprendió que no debía ceder al impulso de rodar con ella sobre la tierra quitándole la ropa con violencia y reventando sus costuras en la urgencia de su delirio. Temía que la noche fuera muy corta y la vida también para agotar ese vendaval. Con lentitud y cierta torpeza, porque le temblaban las manos, abrió uno por uno los botones de su blusa y descubrió el hueco tibio de sus axilas, la curva de sus hombros, los senos pequeños y la nuez de sus pezones, tal como los había intuido al sentir su roce en la espalda cuando viajaban en la moto, al verla inclinada sobre la mesa de diagramación, al estrecharla en el abrazo de un beso inolvidable. En la concavidad de sus palmas anidaron dos golondrinas tibias y secretas nacidas a la medida de sus manos y la piel de la joven, azul de luna, se estremeció al contacto. La levantó por la cintura, ella de pie y él arrodillado, buscó el calor oculto entre sus pechos, fragancia de madera, almendra y canela; desató las cintas de sus sandalias y aparecieron sus pies de niña, que acarició reconociéndolos, porque los había soñado inocentes y leves. Le abrió el cierre del pantalón y lo bajó revelando el terso camino de su vientre, la sombra de su ombligo, la larga línea de la espalda que recorrió con dedos fervorosos, sus muslos firmes cubiertos de una impalpable pelusa dorada. La vio desnuda contra el infinito y con los labios trazó sus caminos, cavó sus túneles, subió sus colinas, anduvo sus valles y así dibujó los mapas necesarios de su geografía. Ella se arrodilló también y al mover la cabeza bailaron los oscuros mechones sobre sus hombros, perdidos en el color de la noche. Cuando Álvaro se quitó la ropa fueron como el primer hombre y la primera mujer antes del secreto original. No había espacio para otros, lejos se encontraba la fealdad del mundo o la inminencia del fin, sólo existía la luz de ese encuentro.

Alba no había amado así, ignoraba aquella entrega sin barreras, temores ni reservas, no recordaba haber sentido tanto gozo, comunicación profunda, reciprocidad. Maravillada, descubría la forma nueva y sorprendente del cuerpo de su amigo, su calor, su sabor, su aroma, lo exploraba conquistándolo palmo a palmo, sembrándolo de caricias recién inventadas. Nunca había disfrutado con tanta alegría la fiesta de los sentidos, tómame, poséeme, recíbeme, porque así, del mismo modo, te tomo, te poseo, te recibo yo. Ocultó el rostro en su pecho aspirando la tibieza de su piel, pero él la apartó levemente para mirarla. El espejo negro y brillante de sus ojos devolvió su propia imagen embellecida por el amor compartido. Paso a paso iniciaron las etapas de un rito imperecedero. Ella lo acogió y él se abandonó, sumergiéndose en sus más privados jardines, anticipándose cada uno al ritmo del otro, avanzando hacia el mismo fin. Álvaro sonrió en completa dicha, porque había encontrado a la mujer perseguida en sus fantasías desde la adolescencia y buscada en cada cuerpo a lo largo de muchos años: la amiga, la hermana, la amante, la compañera.

Largamente, sin apuro, en la paz de la noche habitó en ella deteniéndose en el umbral de cada sensación, saludando al placer, tomando posesión al tiempo que se entregaba. Mucho después, cuando sintió vibrar el cuerpo de ella como un delicado instrumento y un hondo suspiro salió de su boca para alimentar la suya, una formidable represa estalló en su vientre y la fuerza de ese torrente lo sacudió, inundando a Alba de aguas felices.

Permanecieron estrechamente unidos en tranquilo reposo, descubriendo el amor en plenitud, respirando y palpitando al unísono hasta que la intimidad renovó su deseo. Ella lo sintió crecer de nuevo en su interior y buscó sus labios en interminable beso. Con el cielo por testigo, arañados por los guijarros, cubiertos de polvo y hojas secas aplastadas en el desorden del amor, premiados por un inagotable ardor, una desaforada pasión, retozaron bajo la luna hasta que el alma se les fue en suspiros y sudores y murieron, por último, abrazados, con los labios juntos, soñando el mismo sueño. Habían iniciado una inexorable travesía

Robado de “De amor y de sombra”, de Isabel Allende.

viernes, diciembre 22, 2006

Pequeñas fotografias de deseo #4


andares
Originally uploaded by bitocels.
Aunque parezca mentira, a cada paso que das me gusta ver como te alejas. Te veo andar por el pasillo desde tu espalda, y pareces ordenar a un viento inexistente que aparezca y que te siga. Y con él te persiguen mis miradas, y a cada paso mi deseo envidia la inexistencia de ese viento, que puede rozar los perfiles de tu cuerpo, y me gustaría poder enroscarme como él, en tu cabello.

jueves, diciembre 21, 2006

La ducha

Siento el agua y el jabón deslizarse por mi cuerpo mientras mi mente divaga con las canciones que resuenan en la radio. Llevo ya un buen rato bajo la ducha y la habitación esta llena de vapor, así que no me doy cuenta de que entras sigilosamente y te paras a observarme. Las cortinas se abren y me vuelvo para encontrarte desnudo, tus ojos llenos de deseo, preparado para compartir el agua conmigo.

No cruzamos ni una sola palabra. No hace falta. Me besas mientras el agua nos empapa, buscas mi lengua con la tuya y la atraes con tus labios mientras agarras mi cabeza fuertemente. Nuestros cuerpos están tan unidos que ni siquiera el agua cabe entre ellos y resbala por nuestros costados hasta el suelo. Tus manos parecen estar en todas partes: en mi espalda, en mi culo, en mis piernas, en mi pelo. Me sorprende y me excita a la vez la urgencia de tu deseo, tu pasión, tu fuerza y acabas contagiándome completa y rápidamente. Me siento tan excitada que no me apetece esperar más y sólo puedo pensar en que quiero que me folles.

Me doy la vuelta porque quiero sentir tu sexo erecto junto a mi espalda, frotándote contra mi cuerpo. Siento tu aliento en mi cuello, mientras tus manos enjabonan mis pechos resbaladizos, mientras me aprietas fuerte contra ti y acaricias mi sexo empapado no solo del agua que nos rodea. Me empujas hacia adelante sin parar de tocarme con tus manos. Te sitúas ante mi puerta y aguardas, esperas a oír mis gemidos de impaciencia para penetrarme con fuerza, urgentemente y nos movemos al unísono como un sólo cuerpo, una sola alma, hasta que estallamos en un orgasmo increíble que recorre mi cuerpo de arriba abajo como corriente eléctrica.

Y aunque siento las piernas un poco temblorosas, estoy segura de que no hay nada como una buena ducha para empezar el día.

miércoles, diciembre 20, 2006

Voy


Voy.

Hacia ti. Andando sobre tus deseos, que me hacen cosquillas en los pies. Y también me hacen cosquillas tus pezones en las palmas de las manos al rozarlos.

Así que voy. Tomando las curvas de tu cuerpo como un desafío a mis sentidos. Calculando cuantos ojos debería colocar sobre mi rostro para poder atender como es debido a todo aquello que puedes ofrecerme. Aunque creo que te mirare a los ojos, para ver allí reflejado todo lo que de verdad existe.

Seguro que voy. Para que mis dedos busquen, mis manos sientan, despierte mi sexo, mi piel te encuentre, mis miradas huyan (de lo que no seas tu), mis piernas tiemblen, el deseo surja, los segundos paren, los minutos hablen, mi lengua suspire, tu sexo se llene, el mío se encierre, los dos enroscarnos.....

Voy. Al aire que te envuelve y que perfumas con miradas, a la tierra que pisas y que afirmas a base de presencias, al tiempo que aceleras, adelantas o retrasas con sonrisas, al cuarto con las cuatro paredes de deseo.

En fin, que si, que voy.

martes, diciembre 19, 2006

¿Vienes?





Te espero...

Tan sólo vestida con el deseo de mi cuerpo.

Con los sentidos llenos del sabor de tus besos, del aroma de tu piel, del roce de tus manos.

Y un suspiro se me escapa de los labios...

Ven, no tardes. Te deseo.

lunes, diciembre 18, 2006

Enfrente de mis labios


tumbada2
Originally uploaded by Nos gusta el agua.
Me gusta pensar que a veces tu sexo se encuentra enfrente de mis labios. Me gusta pensar que sientes mi boca aún antes de tocarte, y que te estremeces de pensarlo. Mi lengua recorre un camino tan corto en segundos como largo en deseo. Del comienzo de tu sexo hasta que noto como sus pliegues acarician los lados de mi lengua. Del deseo que empieza a dominarnos al gemido que sueltas sin querer. Del deseo de que siempre permanezcas tendida frente a mí a tus manos abriendo aún más el camino de mis labios sobre ti. Del sabor de tu placer en mi garganta, hasta el deseo de que el último siempre sea el mejor beso que te di, y de que nunca desees que sea el ultimo.
Así que me gusta recorrerte con mis labios. Me gusta notar que te derramas sobre mi, que mastico tu alma y trago todos tus sueños aunque no sepa entenderlos. Que te hablo con palabras que parecen caricias, y te beso con besos que quieren ser deseos, y te deseo con deseos que quieren hablarte al oído y decirte que te quiero.
Me gusta verte así, con tu sexo enfrente de mis labios, y tu cuerpo abandonado. Y me gusta coger tu placer entre mis dientes, y jugar con mi dedo entre los pliegues que parecen responderme.
Y me gusta, me gusta cuando parece que te mueres, porque nunca estás tan viva como entonces, y me perteneces y te pertenezco, y casi, casi, te puedo tocar entera con mis labios, y dejarte entonces un te quiero.

jueves, diciembre 14, 2006

Pequeñas fotografías de deseo #3


tumbada
Originally uploaded by Nos gusta el agua.
Me gusta cuando me voy, y aún duermes, y la noche te ha desnudado para mí. Tu cuerpo se despliega sobre las sábanas, y ocupa toda mi mirada y mis deseos.

Mis dedos juegan entonces con el aire, y recuerdan los bordes de tu piel. Y entonces sólo deseo haber vuelto de nuevo, y hacerles recorrer tu sexo antes de que vuelvas a dormir.

martes, diciembre 12, 2006

Deseo

El pasado no me deja vivir el presente ni atisbar el futuro.

Y por ello deseo sentir tu cuerpo junto al mío, tan juntos que ni pensamientos quepan. Mi piel necesita tus caricias, y mis manos quieren seguir tus contornos para grabarlos a fuego en mi memoria y que de ahí no se me escapen. Que enredados en la intimidad de nuestra cama tus susurros me permitan olvidar el pasado y tus palabras me ayuden a llevarme hasta el presente. Que tu sexo y mi sexo se unan y en nuestro abrazo pueda abrir los ojos para ver a través de los tuyos y así quizás, poder mirar hacia el futuro.

Que tus besos roben la amargura a mi alma y las lágrimas a mis ojos y tus caricias los pensamientos se lleven. Que tu fuerza y tu paciencia me roben el miedo y me permitan enfrentarme al pasado para caminar hacia adelante. Y así, con la mente vacía solo sienta, piense, anhele y desee estar, otra vez, entre tus brazos.

lunes, diciembre 11, 2006

Entre tu piel y el aire


Feeling
Originally uploaded by .Elsita..
Entre tu piel y el aire está todo mi mundo. Entre tu piel y el aire quieren descansar mis dedos. Allí donde te recorren buscando tu deseo. Y parar el tiempo el tiempo si permanecen en tu pecho, y matar los segundos que pasan si se acercan a tu sexo. No quieren que exista el tiempo en los viajes de tu cuerpo.

Si te alejas, miradas quieren ser mis dedos. Y recorrer espacios insalvables para verte, y pensar que si te miran alejarte es porque luego vuelves, y te abandonas otra vez a ellos.

Y si te escondes, recorrerán mi alma en busca de recuerdos. Y tocarán tu piel en mi memoria, y jugarán con tus pezones y tu sexo, esperando, de nuevo, a envidiar a mis miradas en tu vuelta y, más tarde, a ser envidiados ellos por descansar entre tu piel y el aire.

domingo, diciembre 03, 2006

Ladrones de deseo #1


sentada2
Originally uploaded by Nos gusta el agua.
Con precaución, Alba sacó la mano derecha por la ventanilla, tensando la muñeca para resistir el viento y, mientras el avión volaba en círculos sobre los viñedos de Valdemorillo a doscientos kilómetros por hora, entreabrió la caja y dejó que, poco a poco, las cenizas de su marido cayeran sobre las hileras de cepas cubiertas de pesados racimos y grandes hojas verdes. Al acabar, guardó la caja en el bolso.

-Dicen que este año habrá buena cosecha –murmuró, dirigiéndose al mudo piloto.

Durante el viaje de regreso, Alba permaneció sumida en un silencio extraño, estremecido, que a Álvaro, el piloto, con la imaginación estimulada por la tensión nerviosa, le parecía expectante. Pero aterrizaron en Cuatro Vientos sin incidentes y, mientras situaba el avión en su hangar y entraba en el edificio del Aeroclub para devolver las llaves, Álvaro se dijo que la extraña tensión del episodio se debía sin duda al motivo del viaje. Sin embargo, al salir del aparcamiento, encontró a Alba esperándole sentada al volante del Mercedes plateado que era el coche favorito de su marido y que ella había conservado

-Sube, Álvaro. Vamos a dar un paseo. Todavía es pronto. –Le miraba arqueando las cejas, divertida. Él estaba confuso; no esperaba semejante invitación.

-¿Un paseo? ¿Por qué? Quiero decir encantado, señora, como usted diga –respondió, entre cortés y turbado. Alba rió suavemente, pensando en la turbación producida por su sencillo ofrecimiento.

-Pues suba. No le importará que conduzca yo, ¿verdad? –Se mostraba tan natural y alegre como el que va a la playa.

Alba conducía con pericia, sabiendo perfectamente donde iba y canturreando entre dientes, mientras Álvaro hacía esfuerzos para relajarse, como si salir con Alba, con su jefa, fuera algo que él hiciera con frecuencia. Estaba tan violento y preocupado por el protocolo que exigía la situación que apenas se dio cuenta de que Alba salía de la autopista, conducía varios kilómetros entre las urbanizaciones de la zona y, tras hacer un brusco viraje a la derecha, entraba en un pequeño hotel y dejaba el Mercedes en el pequeño aparcamiento.

-Vuelvo en seguida, Álvaro. Es hora de tomar una copa. No se vaya. –Alba desapareció en el interior de la recepción y al cabo de un minuto volvió a salir con una llave y con un recipiente de plástico lleno de cubitos de hielo. Sin dejar de canturrear, le tendió el hielo y abrió el maletero del coche, del que sacó una gran maleta del piel. Luego, subieron hasta la puerta de una de las habitaciones, la abrió y, sonriendo, le invitó a entrar.

Álvaro miró alrededor con aprensión y extrañeza, mientras Alba abría la maleta-bar, hecha por encargo en Londres diez años antes. Era una reliquia de una época de su vida que parecía tan arcaica como los frascos de tapón de plata que iba depositando en la alfombra, por falta de mesa. El suelo de la habitación estaba cubierto por una alfombra lisa de un agradable color beige, y que sobresalía casi un metro por cada lado de la cama. Un gran espejo se enfrentaba a ésta, por encima de una cómoda de estilo rústico con cajones. Álvaro se movía nerviosamente por la habitación, observando la cama grande y baja, que ocupaba casi la mitad del espacio. Tenía sábanas de satén negras y un montón de almohadones. Álvaro estaba examinando el inmaculado cuarto de baño cuando Alba le llamó.

-Álvaro, ¿que quieres tomar?
Él entró en el dormitorio.
-¿Está bien, señora?
-Perfectamente, no te preocupes. ¿Qué te sirvo?
-Whisky con cocacola, por favor.

Alba estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la cama. Le tendió el vaso con tanta naturalidad como si estuviera en una fiesta. Él se sentó en la alfombra. –“O aquí o en la cama”, pensó, frenético¬- y bebió un trago largo. Con su blusa blanca y su falda cruzada de color azul y sus largas y tostadas piernas extendidas sobre la alfombra, Alba parecía estar en un día de campo. Ella también bebía.

-Por el “Hotel del Agua” –brindó-, jardín de Madrid, y por mi marido que lo aprobaría.

-¡Qué! –exclamó él, escandalizado.

-Álvaro, no hace falta que lo entiendas, sólo créeme. –Se acercó a él y con el mismo ademán, natural y preciso con el que hubiera podido estrecharle la mano, palpó la abertura de su pantalón vaquero, buscando el contorno del pene con dedos expertos.

-¡Jesús! –Él irguió el cuerpo, como si hubiera recibido una descarga eléctrica, y derramó la copa.

-Creo que esto te gustará más si te estás quieto –murmuró Alba, bajando la cremallera del pantalón. Tenía el pene completamente fláccido, sobre un espeso vello moreno. Alba suspiro con deleite. Así le gustaba, suave y pequeño. Así podía introducirlo por completo en la boca con facilidad y mantenerlo allí, sin acariciarlo todavía con la lengua, sintiéndolo crecer al calor húmedo, experimentando su poder sin mover ni un solo músculo. Ella olisqueo aquellas suaves bolsas, inhalando su olor secreto. Una mujer no llega a conocer a un hombre hasta que respira su olor, pensó vagamente. Oyó que el piloto gemía y protestaba sobre su inquisitiva cabeza, pero no le hizo caso. Él empezaba a recobrarse de la sorpresa y su miembro tremolaba y se dilataba. Ella oprimió levemente los testículos con su mano libre, resiguiendo con el dedo la piel tirante del escroto. Ahora sus labios y su lengua trabajaban el pene casi erguido que, aunque corto, era grueso, tan robusto como el resto de su persona. Él se apoyó en el canto de la cama, abandonándose enteramente a la novedad de desempeñar el papel pasivo, mientras sentía que el pene se estremecía y latía con fuerza, a medida que la sangre acudía a él. Cuando él fue dilatándose, Alba movió ligeramente la boca y trabajó únicamente en el extremo, con una succión fuerte y continua, mientras acariciaba con las dos manos aquella verga húmeda y dura. Con un gemido, resistiéndose a terminar demasiado pronto, él tomó entre las manos la oscura cabeza de ella y hundió la cara en su pelo, mientras besaba su preciosa garganta y pensaba que no era más que una mujer, una mujer. La depositó en la cama y arrojó al suelo su pantalón vaquero. Le desabrochó la blusa –tenía los senos más grandes de lo que él imaginaba, con unos pezones oscuros y sedosos.

-¿No tienes idea de lo impaciente que estaba desde hace varias horas? –murmuró junto a su boca-. No; tendrás que convencerte por ti mismo. –Alba se desabrochó la falda con u sólo movimiento. Debajo, estaba desnuda. Se incorporó en la cama y le obligó a tenderse de espaldas, apoyando de las manos en sus hombros. Se puso a horcajadas encima de él y fue subiendo, hasta colocar el pubis sobre su boca. El trató de alcanzarlo con la lengua, pero ella se movía, ondulándose hacía delante y hacía atrás, por lo que sólo podía rozarla a intervalos. Finalmente, frenético, incapaz de soportar por más tiempo aquel juego, la asió por las nalgas y aplicó firmemente la boca entre aquellos labios turgentes, carnosos, succionando, lamiendo, sorbiendo y aspirando. Ella se puso tensa, arqueó la espalda y, ahogando un grito, casi inmediatamente, acabó. El sentía el sexo tan duro que temió eyacular en el aire. La tomó por la cintura y la penetró de golpe, mientras ella se estremecía con sus propios espasmos.

Robado de "Scruples", de Judith Krantz

sábado, diciembre 02, 2006

Pequeñas fotografías de deseo #2

Me gusta abrazarte cuando estás en la cocina. Que mi mano te busque por debajo de la tela, y mis labios encuentren los perfiles de tu cuello. Y así, tan cerca como pueda estar de ti, murmurarte al oído te deseo.

viernes, diciembre 01, 2006

Nos gusta mirarte


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Originally uploaded by cecilia77.
Nos gusta mirarte mientras te vistes. Un día cualquiera, un momento cualquiera.

A la colcha arrugada encima de la cama, a los espejos. Nos gusta mirar como se mueven tus curvas en el aire, de manera sencilla, sin pretender gustarnos. Te deseamos entonces.

A mis pantalones mal doblados, al cenicero repleto de colillas. Nos gusta observar como te agachas y suben por tus piernas unas simples bragas. Tu sexo las recibe y nuestras miradas las siguen como si fueran a perderse.

Al vaso de leche a medias que dejé ayer en la mesilla, a la factura de teléfono doblada que contiene llamadas hacia ti. Nos gusta desearte tan sencilla una mañana cualquiera. Verte vestir tu pecho, sin pretender deseo, provoca que queramos de inmediato besarlo.

A mis ojos y miradas, a mis frases y mis labios, a mis impulsos y caricias... en fin, a todos mis finales, mitades o principios. Nos gusta. Nos gusta mucho mirarte.