miércoles, enero 31, 2007
martes, enero 30, 2007
Hashimuri

Se echan 4 cucharadas de azúcar en un recipiente, tipo "Mini", como de un litro.
Y nos pedimos el primero. Los dos acoplados a la barra de ese bar que tu y yo sabemos, y yo acoplado a la barra de tus labios, que me encanta como los llevas hoy. Y dos pajitas acopladas al vaso. Y entablamos batallas. Mis ojos con tu cuerpo. Tus piernas sin fin con mis manos. Mis labios con tus hombros. Y siempre vencen tus sonrisas. Y por ahí, entre ceniceros de Bacardí, grifos de Heineken y anuncios varios de bebidas que nunca probaremos, va creciendo algo que antes llamábamos deseo y que ya no podemos porque se nos han quedado cortas cinco letras.
Se echa mucho hielo, a gusto....
Y pedimos el segundo. Y jugamos a juegos que existen desde que nos rozamos por primera vez. Yo te digo lo guapa que estás esta noche, porque es verdad y porque me da la gana. Y tú escondes un segundo tu mirada, y mi mano la saca otro segundo después. Y siempre hay un "aquí no" (a veces un "estate quieto"), cada vez que mi mano (te lo juro, es ella solita, que mi cerebro no sabe nada), se adentra en tu escote o en tus piernas. La verdad es que algo entre mis piernas se envalentona tan sólo de jugar a esa suerte.
1/4 parte de Martini Bianco
Ya no pedimos el tercero, porque nuestras miradas hace tiempo que hablan solas. No sé que tienen tus instantes para que siempre cerremos los bares. Ya no pedimos el tercero, porque nuestras manos se dividen entre pagar la cuenta, buscar los abrigos, despedirnos e ir rozando nuestros cuerpos sin querer pero queriendo mucho. Son muchas cosas para pocas manos. Ya no pedimos el tercero porque sólo tenemos peticiones de caricias, de besos, de recorridos completos con vistas a tu cuerpo.
1/4 parte de Ron
Y nos bebemos miradas en la calle. Y respiramos el aire frío y nos juntamos. Y hablamos de deseo, con frases que nos salen desde el sexo. Yo te digo lo que voy a hacer contigo, y tú dices que lo quieres, pero que yo no me voy escapar vivo. Y la noche es testigo, como dice la canción, de esta inmensa locura. No te puedo querer más, no me puede caber mucho más deseo. Podría andar desnudo, podría gritar como en un anuncio cualquiera de perfume con frase inglesa en su final. Pero estoy demasiado atento a tu presencia, a un perfume extraño que salta de tus pasos, de tu cintura entallada con mi brazo, de tu cuello a cada beso, y que me embriaga, me llena y me descoloca. Y llegamos al portal, y al ascensor, y al cielo, dicen mis manos mientras intentan abarcarte toda, y mis labios mientras prueban el sabor verdadero de las nubes de los tuyos. Y tú me recibes como a las buenas noticias, como al bocata del recreo, como el agua en el desierto. Y te abres, y me empujas y me atraes y das dos giros al deseo. Y no sé cuanto tiempo tardamos en meter una simple llave en una simplecerradura, que si es el cielo, bien hubiera podido estar San Pedro.
1/4 parte de Ginebra
Pero para que quiero el cielo si tengo tus besos en mi cuello, tus manos en mi espalda, el pantalón en el suelo, las medias le acompañan, mis dedos en tu sexo y el agua en todos lados.
Hacemos del recibidor un armario ropero, sin perchas, todo por el suelo. Y me arrodillo ante lo único que merece tal postura. Ante tu cuerpo, ante tu sexo, ante tus labios rebosantes de agua de deseo. Y pruebo esos labios con los míos, los abarco, los aprieto, los exploro, los descubro, los corono con mi lengua, los aprieto. Y te derrumbas como se debe derrumbar un viento, levemente, con los ojos cerrados, las piernas temblando, los pezones ardiendo.
1/8 parte de Fanta de limón y 1/8 parte de Fanta de naranja
Para que salir de allí, si recibidor se llama y recibirme quieres, y visitarte debo. Y mi sexo erguido te empuja con mi cuerpo, con mi alma. Y penetro entre tus sueños, entre el agua mezclada de mis labios y el deseo. Y me muevo en ti, por ti, para ti, hacia ti, fuera y dentro de ti. Te apoyas contra la pared y me ofreces tu sexo. Y admiro tus piernas, tu culo, tu espalda, tus manos abiertas. Y con mis manos en tu cintura descubro el millón de letras que componen una palabra como placer.
Remover bien y servir.
Foto: Paul Himmel
lunes, enero 29, 2007
Son tus manos

Son tus manos, son tus ojos, son tus labios los que dan vida a mi deseo. Y soy deseo a causa de las caricias que nacen de tus dedos y que sin prisa, recorren cada centímetro de mi piel, rozando o agarrando según que partes de mi cuerpo. Por caricias que nacen de tu lengua y en mi cuello y se detienen en las curvas de mis pechos. Que bajan por mi cuerpo, escurriéndose lentamente, saboreando, deteniéndose una vez más en mi vientre para volverme expectante, ansiosa y deseosa. Continúa su camino hacia el mismo centro de mi sexo. Y allí se unen con tus manos. Tu lengua me recorre y recoge el fluir de mi deseo mientras otra se introduce en mi interior, ansiosa y ambiciosa y entre las dos se entabla una batalla para sacar de mis labios un suspiro y un gemido. Triunfadoras ambas y ninguna perdedora, no dejan de acosar otras partes de mi cuerpo. Tan solo se detienen para dejar paso a las miradas, que veloces me recorren por entero y a tus besos, que entretenidos en mis labios, ahogan mis suspiros y me ofrecen el sabor de mi deseo.
Y unidos en un abrazo, tú me posees, pero yo te abarco, tú me ocupas pero yo te encierro. Y en este juego que jugamos, siempre nuevo, tú me vences para que salga triunfadora y yo te derroto para que salgas victorioso.
Entre tus brazos soy caricia, soy mirada, soy deseo.
Fotografía: Samantha Wolov
sábado, enero 27, 2007
A ella le gusta....

...las sorpresas que a veces tus manos la deparan, y que la lleves del descanso a la dureza montada entre tus dedos.
...luchar contra telas que la impiden alcanzarte, cuando sólo quiere crecer ante la vista del esbozo de aquello que la ofreces.
...susurrarme que te diga al oido que la toques para que compruebes cuanto te deseo.
...que la aprietes fuerte, y notar como la cubre tu mano y anhelas que crezca aún más contra tu piel.
...que la contemples, erguida frente a tí y por tu causa, y que quieras un espacio cada vez más corto entre vosotros.
...perderse entre tu pelo, jugando a ser mis dedos.
...recorrer tu espalda, y que mi cuerpo se acerque para sentirse apretada entre nosotros, y tener certeza de que notas toda la amplitud de mi deseo.
...que la aprietes entre las curvas de tu pecho, y que inventemos un nuevo cobijo entre ellos y tus manos.
...perderse entre tus labios y echarse a nadar al otro lado de tu sonrisa. Y que juegues en su extremo con la punta de tu deseo, que se hace lengua, y que la recorras hasta sus principios.
...meterse, hundirse en los pliegues de tu sexo. Sentirte alrededor, y no se como, de manera imposible, dentro de ella. Y verte cerrar los ojos mientras el agua de tu sexo la humedece.
...permanecer derrotada en tu interior, en el después de todos nuestros juegos, y que muevas el cuerpo para impedir que encuentre la salida.
...pensar que algún día volverás a decirle a su dueño un "te quiero"
Ya ves, a veces sólo pienso con ella.
Ilustración de artmam.com
jueves, enero 25, 2007
martes, enero 23, 2007
Hoy seré yo
Ahora mismo me estoy imaginando mirando tu cuerpo mientras te desnudas. Primero te quitarás los zapatos y después, tu camiseta saldrá rápidamente por tu cabeza, como haces siempre. Pero hoy va a ser distinto, hoy ya no te dejaré seguir. Hoy despediré a tus manos, ya hablaremos del finiquito. Yo te voy a ayudar.Porque seré yo quien comenzará a desabrochar tus pantalones, poco a poco, botón a botón. Los bajaré ligeramente, lo suficiente para que mis ojos intuyan el objeto de mi deseo. Mi mano se deslizará entre tu cuerpo y tu ropa interior, acariciándote con suavidad, entreteniéndome en tu sexo, deleitándome con él. Despacio iré bajando tu ropa y mi lengua irá resbalando por tu cuello, tu pecho y tu vientre, hasta tener enfrente de mis ojos el objetivo que mi cuerpo ansía. Mis manos agarrarán tu culo mientras te acerco hasta mis labios. Quiero tenerte en mi boca por entero y sentir como aumenta tu deseo ante mis besos y las caricias de mis labios, notando como te aferras a mi pelo y a mis hombros. Percibir como todo tu cuerpo tiembla y se estremece, como tus manos me aprietan cada vez más fuerte, hasta que finalmente me separes de ti y me recuestes en la cama.
Y me ames.
Fotografía: Playgirl. 2001
lunes, enero 22, 2007
Viajeros
Están mis ojos, que empiezan siempre a viajar desde los tuyos, haciendo trasbordo desde una de tus miradas de mil sonrisas. Y recorren tus perfiles como turistas japoneses, salvo que no necesitan de cámaras de video, porque podrían recordar cada recodo de tu cuerpo. Les encanta pararse en el mirador de tu espalda a contemplar tu culo, y ahogan un invariable oooh! al dejarse llevar por el canal que saben conducirá a tu sexo. También les gusta dejarse caer un rato cerca de tu ombligo, equidistante de ambos pechos, y desde allí contemplarlos, coronados por nieves eternas y rojas de pezones hechas.
Son mis manos asimismo exploradores incansables de lo desconocido que siempre me parece, toda vez, tu cuerpo. Una misma caricia no es la misma un segundo que otro en la inmensidad cerrada que es tu cuerpo. Les gusta a estos viajeros escalar desde un punto exacto situado debajo de la comisura de tus labios, y hacer avanzar un sólo dedo, un voluntario, lentamente, en una curva perfecta lanzada hacia donde tu piel se hace selva por tu pelo. Como han sido avisados de antemano, recorren tu espalda, en despliegue de caricias, toda entera. Se detienen un rato a pasear de comienzos a finales, desde tu cuello a tu culo, esperando el momento que un suspiro tuyo les de salida para abordar tu sexo. Y juegan en su entrada, y corren a quererte, y a mojarse, y a tener entre sus manos a tu sexo y a jugar con su deseo. Que sean dos no significan que siempre tengan que estar juntos, y a lo mejor una de ellas se descuelga en la curvas de tus pechos, y hace crecer tu pezón entre sus dedos.
Mis labios suelen ser a la vez de los primeros y el penúltimo viajero. Son visitantes breves, fugaces en dejar su firma en cualquiera de tus sitios. La boca, el cuello, la espalda, tus pechos, sus pezones o tu pelo... Pero si se trata de tu sexo, su humedad les vuelve sedentarios. Y se intentan saciar sin conseguirlo de cada gota que surge de su centro. Cuanto más tienen más quieren, más dentro, más cerca, con más rapidez buscan el agua que sabe a tu deseo. Y es normal que las más veces te rindas a esos viajes, porque viajera te hacen, tú ya sabes hacia donde.
A todo esto he de decir que no es fácil navegarte, puesto que eres trozo de mar al que mis miradas incomodan, encrespan de deseo tanto mis viajeros dedos como mis fugaces y sedientos labios, y se arremolina de tormenta entre tus piernas ante la llegada del último viajero.
Y este llega siempre arrebatado y lleno de deseo. A veces tus labios le reciben, a veces tu sexo le recibe, todas esas veces le cubres de agua de deseo. Y él se sumerge en ti, y se mezcla con tus sueños, y le aprietas, y se escapa, y te hiere dulce y dulce le recibes. Y quiere quedarse, y no quiere irse. Y ese ir y venir se llena de verdades absolutas sobre ti.
Y caemos los dos, el uno sobre el otro, y los dos en cualquier sitio.
Y una vez más, el viaje ha concluido, y cansados, mientras la última caricia abandona lánguida tu cuerpo, no paro de pensar que de tus caminos estoy hecho.
domingo, enero 21, 2007
Ladrones de deseo #4
Era una noche calurosa; sólo la cobija de encima había sido doblada. Nos deslizamos en ella y descansamos uno junto al otro, sobre nuestras espaldas, contentos de momentos con poder disfrutar de una suavidad de nube debajo de nosotros.
Alba murmuró adormilada: “Sabes, Álvaro, todavía me siento borracha como una abeja. –Entonces, súbitamente dio un pequeño respingo y jadeó-_ ¡Vaya, estás muy ardiente! Me cogiste por sorpresa.”
Yo estuve a punto de exclamar lo mismo. Me toque abajo donde una mano me manoseaba con gentileza, suavemente; había supuesto que era su mano y exclamé sombrado: “¡Alba!” Casi al mismo tiempo ella dijo:
“Álvaro, puedo sentirlo… hay alguien que está aquí abajo. Jugando con mi… jugando conmigo.”
“También yo tengo uno –dije todavía muy sorprendido-. Nos estaban esperando bajo las mantas. ¿Qué vamos a hacer ahora?”
Yo esperaba que ella dijera: “¡patear!” o “¡gritar!” o que hiciera ambas cosas, pero en lugar de eso, dio otro pequeño respingo, rió sofocada y repitió mi pregunta: “¿Qué vamos a hacer? ¿Qué esta haciendo el tuyo?”
Le dije lo que estaba haciendo.
“El mío, lo mismo”
“Cambiémonos y veremos”
Bueno. Alba y yo pronto caímos en un frenesí, besándonos cada vez más apasionadamente, agarrándonos y arañándonos; haciendo otras cosas arriba de la cintura, mientras nuestros ocultos “amigos” estaban más ocupados que nunca abajo. Cuando ya no me pude contener mas, hicimos el amor ardientemente y nuestros amigos, apretándose fuera de nosotros, bullían sobre nuestros cuerpos, dedos aquí, lenguas allá.
Esto no sucedió sólo una vez, fueron más veces de las que puedo acordar. Después de cada eyaculación, descansábamos todos un ratito y luego, muy delicadamente, se nos volvían a insinuar y empezaban a importunarnos y acariciarnos. Se movían hacia atrás y hacia adelante, de tal manera que entonces podía ser atendido por los dos y por Alba y luego todos nos dedicábamos a ella. No terminó esta actividad hasta que ella y yo no pudimos más y nos hundimos en un sueño profundo. Nunca averiguamos ni el sexo ni la edad o apariencias de nuestros acompañantes. Cuando despertamos muy temprano en la mañana, ya se habían ido.
Robado de: "Azteca" de Gary Jennings
Fotografía: Samanta Wolov
sábado, enero 20, 2007
Pequeñas fotografía de deseo #6

Mis labios bailando a la orilla húmeda de tu sexo. Te miro y veo en mi cielo tus ojos cerrados y tus manos aferrándose a las sábanas que recogen el deseo que vertemos. Observo la tensión creciente de tu cuerpo mientras juego con la lengua entre tus pliegues. Y te mueres sin estar nunca más viva, y te alejas hasta el sitio más cercano, y te dejas caer a lo alto de mis labios en tu sexo, y de nuevo, de nuevo pienso que eres lo más bello que jamas tendré en la boca.
Fotografía: Samantha Wolov
jueves, enero 18, 2007
Secretos en el agua

Al final nos han pillado. Los secretos "acuáticos" mejor guardados, lo que no sabe nadie, lo que todo el mundo se pregunta..... Je, je. Eso nos lo callamos todavía, que luego no tenemos material para los post, y están "mu" dificiles, oiga. O por lo menos,ya que sólo hay que decir 5, nos reservamos alguno más. Encima hemos tenido que hacer dos ediciones, para los dos blogs. Será por secretos...
Alba:
1.- Bueno, la primera es completamente obvia. Me encanta mirar y que me miren. Y lo practico. Me gustan las playas nudistas, y los sitios liberales.
2.- En esta coincido con Belita plenamente. Soy incapaz de dormir con ropa por mucho frío que tenga. Nada mejor que el pecho ajeno para entrar en calor.
3.- Me gusta acariciarme cuando terminamos de hacer el amor. No antes ni durante (que también) sino que me encanta hacerlo después. No sé, es como demostrar lo mucho que me ha gustado y lo bien que me siento.
4.- No me gusta practicar sexo con la luz apagada. Me siento tonta y desorientada. Y me gusta tanto ver como sentir (mi sentido de la vista, como veis es muy importante para mí).
5.- Me gusta dejarme los tacones puestos, solo los tacones, cuando hacemos el amor. Me parece una cosa muy erótica. Aunque también puede ser debido a la altura de Álvaro, que no es poca.
Álvaro:
1.- No dejé de ser virgen hasta los 22 años. Y hasta los 28 no dejé de decir que había sido a los 16. No fui demasiado precoz en ninguna de las dos cosas. Ahora ya no me importa por lo menos, hasta el próximo meme (pero he aprendido mucho y deprisa, aunque lo último debería decirlo quien yo se).
2.- Mi color preferido de lencería es el negro. Para no gastar otro secreto, diré que sobre todo me encantan las medias negras con zapatos de tacón, incluso solo eso (como me gustan las habas con jamón, ...y sin habas).
3.- Estoy deseando que Alba se vista de enfermera o de criada. Faldita corta, escote grande.... Cuidados intensivos, escaleras, limpieza de estanterias y demás mobiliario... Ummm
4.- Ni me entra sueño ni ganas de fumar después de hacer el amor. Lo que me entra es un hambre atroz, sobre todo de cosas dulces. Dice Alba que debo gastar demasiada dulzura y tengo que recuperarla a base de galletas (de la leche no dice nada, pero yo sé que lo piensa)
5.- Esto es más que un secreto, un "petit" problema. Me encanta el sexo por la mañana, pero Alba es ave exclusivamente nocturna para ese tema, asi que... refreno mis impulsos mañaneros, y procuro taparla antes de irme para poder hacerlo.
Esto es todo (¿o no??, amigos. Ahora, queremos más. Si estáis agregados, hala, al tajo (aunque la mayoria lo habéis hecho ya), y si queréis comentar, también. Que no se diga que entre la gente del agua hay secretos. Besos.
miércoles, enero 17, 2007
martes, enero 16, 2007
Nunca me digas que...

No se si sueño cuando abro los ojos y noto tu ausencia. Sólo queda tu calor. Es verdad que abro los ojos y ellos recorren la habitación en busca de tu presencia. Pero todo parece una peli muda vista a la hora de la siesta..
Asi que no se si sueño cuando me levanto a buscarte.
En mi sueño, si es que lo es, me parece verte en el cuarto de estar, al final del largo pasillo, con fugaces destellos iluminando tu presencia, procedentes del televisor encendido.
Ya se sabe que los sueños son sordos (¿O no?) Asi que Silencio y yo caminamos juntos hacia ti, y pareces no oirlo. O duermes, o es muy interesante lo que echan.
Me acerco hasta estar a distancia de periscopio, y me semioculto tras la puerta. Sabes que me encanta mirarte sin que lo sepas, y no cambio tanto mientras duermo.
Tienes los ojos cerrados y los labios abiertos. Tienes tus manos ocupadas en tu cuerpo. Puede ser que nunca deseara más ser como tú, o por lo menos eso piensan mis dedos. Porque cinco de ellos se afanan en someter a un asedio a tu pezón, que surge desafiante de entre la tela que presumo antes te cubría. El resto de tu tropa anda entre tus piernas, que mantienes apoyadas en la mesa delante del sofa donde recuestas tu presencia. Si es un sueño, desde luego que no quiero despertar, aunque sueño o no, el que despierta es mi sexo, que parece querer asomarse también.
La tele envia imágenes de una película donde una pareja realiza lo que imagino encendió el deseo que ahora parece recorrer toda tu piel. Tus manos en tu sexo hacen que las mías copien el mismo camino en mi cuerpo, y me agarro el miembro, que tu imagen ha hecho erguido y duro. Tu cuerpo se arquea levemente, y creo escuchar un susurro ahogado. Tu pechos llenan tu mano, que se reparte entre ambos. Me masturbo lentamente mientras pienso en lo bella que estas. Quiero recorrer la distancia que me separa de ti, y sustituir tus manos por las mías, pero sin embargo me deja clavado tu imagen, tus manos, tus labios esperando y entreabiertos, como besando el aire. Tengo que parar un poco porque desde mis ojos tu imagen me acaricia, y me lleva a lugares donde hoy sólo quiero estar contigo.
Creo percibir que tus gemidos son un poco más fuertes, y que tu cuerpo tiembla. Te dejas llevar por tus manos hacia ningún sitio y hacia todos, y caes en el sofá. Y abres los ojos, y me ves, y sonríes, y me dices: ven.
Y me acerco, también sonriendo, dejándome caer por tu mirada hacia tu cuerpo. Y me reciben tus labios en mi sexo, que se estremece en calor y agua al notarse en tu interior. Sigo de pie mientras tus manos acercan más mi cuerpo hacia el tesoro húmedo de tus labios. Me perfilas el sexo jugando a tres bandas con tus manos y tu lengua.
De vez en cuando te paras y me miras. Y te amo.
Quiero tener mis labios ofrendados a tu sexo donde antes colocabas a tus manos. Y así aprovecho una de tus treguas para colocarme agachado entre tus piernas. Y te beso. Te beso intentando repetir el camino de tus dedos, que ahora se enredan en mi pelo. Encuentro tu centro y juego con el entre mis labios como si fuera un caramelo. De nuevo el tiempo se detiene hasta que tensas el cuerpo en la dulce derrota y caída de un orgasmo, y te entrego un último beso entre tus piernas.
Me pides, me provocas, me tiras, te abres y me encierras mi polla entre tus piernas. Me quieres dentro, me quieres todo, me quieres. Me muevo al compás de tu deseo. Y te miro. Y de nuevo me sorprendo en un "te quiero", y un "me gusta", y un "no puedo". Y me rindo, y me caigo, y me devuelves la derrota, y me recibes, y me besas, y me templas.
Y sólo digo: nunca me digas que fue un sueño.
domingo, enero 14, 2007
Café con letras
- Hola. ¿Qué tal tu día? –te pregunto mientras me besas. Sabes a frío y a cansancio. Traes contigo aroma de ciudad en invierno, a loción de afeitado, a tabaco… me gusta porque huele a ti.
- Largo. Pesado –contestas mientras dejas la mochila en el suelo y te quitas la cazadora-. Deseando llegar. ¿Qué tal tú? ¿Con que andas?
- Bien. Estoy leyendo un relato.- Bajo la voz y te sonrío. - ¿Te gustaría leerlo conmigo?
Te sitúas a mi espalda mientras comienzas a leer. Yo vuelvo a la historia y al café. Poco después noto como tu mano se desliza desde mi cuello hasta el escote de mi blusa. Debe ser que te llega el calor del café, de mi cuerpo y de las palabras del relato. Tus dedos encuentran mi pecho y lo aprieta mientras tu otra mano baja por mi cuerpo en una caricia que se detiene en mi sexo. Mis ojos intentan concentrarse en los renglones que tengo delante pero mi mente divaga con lo que tengo detrás. Pienso en que los niños están con su padre y que tenemos toda la tarde y toda la casa para nosotros, pienso en que puedo quitarte tu cansancio y convertir tu frío en calor y que el final de la historia que leía tendrá que esperar. Tus manos cada vez más apremiantes van desabrochando mi blusa y mi ropa interior, mientras posas tus labios en mi cuello y tu suave aliento me hace estremecer. Sé cuanto te gusta tenerme desnuda delante de tu cuerpo, rodeándome con tus manos, como queriendo abarcarme por entero. Me dejo acunar por esos brazos cuyo dueño lo es también de mi cuerpo y mis pensamientos. Me abrazas aún más fuerte y me siento temblar entre tus brazos. Busco con mis manos tu deseo, acaricio sin mirarte tu cuerpo tenso, ajena a cualquier cosa que no seas tú. Y deseo tus labios, deseo que me hablen sin decirme una sola palabra, que me cuenten sus más mínimos anhelos y me hablen de amor. Y no solamente al oído. Quiero sentir esos labios y las suaves caricias de tus manos recorriendo mi cuerpo desnudo, tumbado junto al tuyo. Debes estar pensado lo mismo porque me llevas a la cama mientras me quitas el café, ya frío, de las manos.
- ¿Quieres que te lo caliente? –me susurras.
Y sí, claro que quiero, porque yo sé que no te refieres al café.
viernes, enero 12, 2007
Ladrones de deseo #3
Alba y Álvaro llegaron a la tienda de paredes dobles, entraron en el segundo recinto y sintieron complacidos el efecto del vapor tibio. Permanecieron de pie adentro, mirando alrededor, y después depositaron la lámpara sobre la mesa que se encontraba al lado.Se quitaron las chaquetas y se sentaron sobre los colchones que cubrían el suelo
.
Álvaro comenzó por quitarle las botas a Alba; después se quitó las suyas. Besó a la joven prolongada y afectuosamente, mientras la desvestía; después se inclinó para besarle los pezones. Le quitó también el pequeño tanga, deteniéndose para acariciar el montículo cubierto de suave vello. Después se desnudó él mismo y abrazó a Alba, deleitándose al sentir la piel femenina junto a la suya; y en ese mismo instante la deseó.
La condujo al estanque de cuyas aguas se desprendía vapor. Se sumergieron una vez y después pasaron al sector donde debían lavarse. Álvaro extrajo del cuenco un puñado de suave jabón y comenzó a frotarlo sobre la espalda de Alba y sus dos redondeces iguales, evitando por el momento los lugares sugestivamente tibios y húmedos. El contacto era suave y resbaladizo, y a él le encantaba el roce con la piel femenina. Alba cerró los ojos, sintió que las manos de Álvaro la acariciaban del modo en que, como él sabía muy bien, más le gustaba, y ella se entregó a ese contacto maravillosamente dulce y experimentó las sensaciones más intensas.
Álvaro cogió otro puñado de jabón y lo deslizó sobre las piernas de Alba, que fue levantando cada pie y sintiendo un leve espasmo cuando él le hacía cosquillas en la planta. Después la obligó a volverse y la miró de frente, pero no se apresuró a besarla, explorando lenta y suavemente los labios y la lengua, sintiendo su reacción. Su propia reacción ya se estaba manifestando y su virilidad parecía moverse por propia voluntad, mientras pugnaba por entrar en contacto con la mujer.
Con otra pequeña porción de jabón comenzó bajo los brazos de Alba, acariciándola con la espuma deliciosa y resbaladiza hasta llegar a los pechos llenos y firmes y sintiendo que los pezones se endurecían bajo sus palmas. Un estremecimiento casi fulgurante recorrió el cuerpo de Alba cuando él le tocó los pezones extrañamente sensibles hasta llegar a ese lugar profundo de Alba que esperaba a Álvaro. Cuando descendió por el estómago y los muslos, ella gimió expectante. Con las manos todavía jabonosas, él le acarició los pliegues, encontró el lugar femenino de los Placeres y lo frotó ligeramente. Después cogió el cuenco de enjuagar, lo llenó con agua del estanque caliente y comenzó a verter el líquido sobre ella. Derramó otros cuencos sobre Alba antes de llevarla de nuevo al agua caliente.
Se sentaron en los asientos de piedra, muy cerca el uno del otro, presionando la piel tibia contra la piel tibia y sumergiéndose hasta que sólo sus cabezas quedaron fuera de la superficie del agua. Después, cogiéndola de la mano, Álvaro condujo a Alba de nuevo fuera del agua. La acostó sobre las esteras blandas y se limitó a mirarla un momento, reluciente y húmeda, y esperándole.
Alba vio sorprendida que, primero, le abría los muslos y pasaba su lengua sobre toda la extensión de los pliegues. No percibió el gusto de la sal; y el sabor especial de Alba había desaparecido; era una experiencia nueva, gustarla sin saborearla, pero mientras gozaba con la novedad del caso, oyó que ella comenzaba a gemir y a proferir exclamaciones. Parecía como si hubiera llegado de repente, pero Alba comprendió que estaba demasiado a punto. Sintió que su propia excitación se acentuaba y alcanzaba una cima; después, los espasmos de placer la recorrieron una y otra vez y, de pronto, él percibió el sabor de Alba.
Ella extendió las manos hacia Álvaro y, cuando él la montó y penetró, la joven le guió hacia su propio interior. Alba elevó las caderas en el momento mismo en que él presionaba y ambos suspiraron con profunda satisfacción. Cuando él se retiró, Alba sintió el deseo doloroso de recuperarlo. Álvaro sintió que la caricia plena y tibia aprisionaba por completo su miembro y casi alcanzó una incontenible explosión. Cuando retrocedió de nuevo, comprendió que él mismo estaba a punto, y en ese momento un gemido agudo escapó de sus labios. Alba se elevó hacia él; Álvaro culminó en el momento en que el impulso explosivo se manifestó y llenó el pozo de Alba y se mezcló con su propia y tibia humedad. En ese instante, él manifestó en un grito la plenitud de su goce.
Descansó sobre ella un momento, porque sabía que a Alba le encantaba en esas circunstancias sentir el peso del cuerpo masculino. Cuando, al fin, rodó de costado, la miró, vio su sonrisa lánguida y tuvo que besarla. Las lenguas de ambos exploraron, suave y dulcemente, sin apremio, y ella comenzó asentir de nuevo un atisbo de excitación. Álvaro advirtió esa respuesta más intensa y reaccionó del mismo modo. Esta vez sin la misma urgencia de antes, le besó la boca, después cada uno de los ojos, y encontró sus orejas y los lugares más tiernos y sensibles de su cuello. Descendió y encontró el pezón. Sin prisa, sorbió y mordisqueó uno, mientras acariciaba y pellizcaba el otro; después invirtió el orden hasta que Alba presionó sobre él, deseando más y más a medida que la sensación se intensificaba.
Y la de Álvaro también. Su virilidad agotada comenzaba a hincharse otra vez y, cuando ella la sintió, se sentó bruscamente y se inclinó para recibirla en su boca y ayudarla acrecer. Él se recostó para gozar de las sensaciones que ella le provocaba en todo el cuerpo, mientras Alba recibía todo lo que podía del miembro, sorbiéndolo con fuerza, soltándolo y dejándolo que se deslizara. Alba encontró el reborde duro que estaba debajo y lo frotó rápidamente con la lengua; después, retrayendo un poco el prepucio, rodeó la cabeza suave, cada vez más rápidamente, con su lengua. Él gimió cuando las oleadas de fuego le recorrieron el cuerpo; después la obligó a girar hasta que quedó a horcajadas; Álvaro alzó un poco la cabeza para saborear el pétalo caliente de la flor de Alba.
Casi en el mismo momento, ambos sintieron que se elevaban más y más y, cuando él la saboreó de nuevo, se retiró un poco, la obligó a girar de modo que quedó de rodillas, dirigió su propia penetración y sintió de nuevo el pozo íntegro y profundo. Ella retrocedía con cada golpe, balanceándose, moviéndose, hundiendo la virilidad y retirándola, sintiendo cada avance y cada retirada y, después, cuando todo se repitió, primero ella y en el golpe siguiente él, sintieron el impulso maravilloso del gran Don de los Placeres de la Madre.
Ambos se derrumbaron, exhaustos, grata, maravillosa y lánguidamente exhaustos. Durante un momento sintieron una corriente de aire, pero no se movieron; incluso se quedaron adormecidos. Cuando despertaron, se incorporaron y se lavaron de nuevo; después se sumergieron en el agua caliente. Para su sorpresa, cuando salieron encontraron mantas de cuero suave, limpio, seco y aterciopelado para secarse; estaban junto a la entrada.
Robado de "Las llanuras del tránsito" de Jean M. Auel
Fotografía: Samantha Wolov
jueves, enero 11, 2007
Pequeñas fotografias de deseo #5
Y con una sonrisa, me dices: me gusta.
martes, enero 09, 2007
El asesino que robaba sueños (Final)
Desaparece detrás de una cortina. Y yo sé que el resto de mi vida comenzará cuando la siga.
Un miedo frío, infantil, me llena los bolsillos al verte desaparecer. Cuando aparto la cortina me encuentro con un puñetazo de tus ojos al pie de una escalera. Colocas tus labios tan cerca de los míos que casi puedo notar como el aire se comprime entre nosotros. Tu pecho contra el mío, como dos armas clavándose en heridas abiertas. Duele tu presencia, duele tu perfume, duele no besarte porque no me atrevo. Porque quizás estés hecha de humo y me baste echar el aire que sin querer aguanto al verte para que te esfumes. Tus manos rozan levemente las mías, y mi sexo te quiere.
Pero sólo me das una sonrisa. Puede que algunas voces me digan que huya, que ahí no hay nada que hacer, que no es que seas peligrosa, porque puede que después de ti no haya que preocuparse más que del tipo de flores y del tono de la madera de la caja. Voces que me dicen que además de apuntarme con tu pecho, tus labios, tus ojos y tu sexo, puedes dispararlos y abrirme un boquete para que pudiera pasar un tren de mercancías.
Y tu mano me agarra, y tu viento sube conmigo, y un escalofrío nace de mi sexo cuando mis ojos te contemplan desde atrás, con tu vestido pegado a tu cuerpo tan perfectamente como le gustaría hacerlo a mis manos.
Y la puerta, y tus labios. Ya en los míos. No esperas ni hablas. Rapidez y fuego. Me abrazas como si fueras tú la que tienes miedo de que escape. Contestan mis labios y mis manos dejan de tocar el miedo para sentir el calor de tu cuerpo. Tu olor ocupa todo, tu cuerpo me rodea aunque soy yo ahora quien te abraza... Todo parece dolerme como el sexo intentando quitarse de en medio tanta tela. Te das la vuelta y le planteas que descubra lo que había en la escalera. Y yo beso tu cuello. Sabes a todo lo que he probado y a nada que pudiera comprender. Sabes a no tener miedo, sabes a querer mirarte durante horas sin la publicidad que supone un parpadeo.
Mi dedo traza tu rostro, porque se recorta de tal manera en la semioscuridad de esta habitación, que temo no poder recordarlo si tan sólo lo miro. Y baja hacia las curvas de tu pecho, y un dedo recorre tu pezón sobre la tela. Tu respiración se agita, y se agitan tus manos buscando mi piel creciente detrás de ti. Somos una danza de manos, labios y gemidos sin sentido. Tu falda sube, mi pantalón baja. Tu agua se esconde tras mi mano y el tacto de la tela de tu ropa interior. Mis manos se reparten entre bajarte los tirantes del vestido y contarle a tu sexo lo que significa desearte. El tacto de tus manos libera mi deseo, y lo comprendo todo, aunque no entienda nada. Cada parte de mí tiene vida propia, y todas sus vidas quieren el placer de sentir tus manos sobre ella. Pero es mi sangre palpitando en el interior de tu mano el destino que quieren todas ellas. Mil recuerdos cambio por mantener esa mano en mi piel hasta que caiga muerto. Y puede ser que caiga esta misma noche, en ese mismo cuarto, bajo esa misma agua que mi mano explora, que mi mano busca, que mi dedo alberga.
Toda tela termina alfombrando un círculo inconexo alrededor de nuestros cuerpos. Todo segundo en que no estuviera sintiendo tu piel sería completamente inútil. Todo espacio que me impidiera ese contacto debería evaporarse o destruirse. Como sólo he tenido ojos para ti no he visto la cama a la que me llevan tus manos. Si pudiera pensar, si pudiera hablar, te diría tantas cosas....
Pero sólo quiero besar tu centro. Y te despliegas ante mí, porque nuestros deseos deben de estar hablando alrededor nuestro, y se cuentan en secreto que quiero. Y mis labios se posan sobre ti, y detendría el tiempo en ese instante, si no fuera porque no quiero perder tiempo ni en pararlo. Y quiero sentir el siguiente beso, y el siguiente, y la humedad en mis labios proveniente del río de tu cuerpo. Tú te agitas, respiras, gimes, maldices, ríes. Y en un momento te desbordas en mis labios. Y sabes a deseo, a calor y a mar de agosto, a sal y lluvia.
Primero te poseo con urgencia, sin dejar que te muevas de donde estas. Entro en ti sabiendo que ya no podré entrar en nadie más. Como si alguien me dijera: muy bien, chico, ya puedes estar seguro de donde entras. Después de sentirme en ti, ya no siento nada mas, y se que algo se ha quedado allí. Y me importa una mierda las puertas que se cierren, las ventanas que no existan, los encargos, los semáforos en rojo, los pantalones cortos. Sólo tu interior me calma, sólo tu interior me duele. Sólo tu interior es agua. Y me muevo desesperado hasta comprender que quiero que te levantes, y te apoyes en la pared con ambas manos. Quiero tu confianza. Y te extiendes ante mí, con la piel perlada de tu sudor y el mío, con tu cuerpo adelantado hacia mi sexo sobre tus tacones negros y tus preciosas piernas. Y en un instante te cubro con todo lo que puedo. Te cubro con las alegrías que tenga, con los recuerdos que lleve, con los dolores que sienta. Y todo está en mi sexo, y todo te lo entrego. Mensajero directo hacia donde quiera que este tu alma, si es que ésta no es tu piel, tus miradas o tus labios. Y allí muero. Allí me pierdo, me vacío, me diluyo...
Te recojo entre mis brazos y te recuesto. Decido en un segundo como terminar la escena. Alguien tiene que morir en el próximo minuto.
-Te quise. -Es tu voz-. Y si hubieras dejado la pistola antes de subir, ahora te querría.
La pistola. La misma pistola que alzo hacia ella. Quedan 30 segundos para cerrar la escena, para terminar el cuento. 25.
-Pero tenías que subirla. No apostaste todo.
20
-Ya es tarde ¿verdad? -Tu voz. Tu piel de seda. Tu mirada de risas, tu tristeza.
10, 9. 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1...
El primer disparo me destroza la mano desde donde iba a dejar caer la pistola para caer rendido ante tus besos. Y comprendo que será muy difícil asesinar con sólo la mano izquierda. El segundo y atronador disparo me destroza la rodilla izquierda y me obliga a besar el suelo. Se me ocurre que si el que dispara está jugando a las tres en raya, el siguiente disparo tendrá a favor que no tendré que preocuparme en buscar unas muletas, con la grima que me dan los hospitales.
Me tiendo en el suelo, y mi último recuerdo es una pistola en la mano del Perchero, y el roce de tus labios en un beso que tiene sabor a sangre seca y a una mirada hecha de sonrisas. Mi dedo roza tus labios y quiere hacerlo con tus ojos si pudiera...
Me quisiste
Tres en raya.
sábado, enero 06, 2007
El asesino que robaba sueños (II)
Viene de...
- Hola, soy Alba.
Y me clava su mirada en sitios donde yo no sabía que se podía hacer. Me la clava en recuerdos, en sensaciones tan olvidadas que empezaban a tener un color sepia y a parecer de otras personas. En mi trabajo es mejor no sentir según que cosas. Noto el peso de la pistola en su funda y la ginebra azul no me quita el mal sabor de boca.
- Hola. Aunque creas lo contrario, es todo un placer. Yo soy Álvaro.
Porque ella sabe quien soy, de eso no hay duda. Y yo se lo que me producen esos labios, ese cuerpo y esos ojos. La sensación de que merecería la pena dejarse herir por ellos, o la seguridad de querer ver lo que esconden, porque hay promesas que no se pueden cumplir, pero estoy seguro de que lo que prometen esos labios es una verdad de las absolutas, como que la lluvia moja.
- Tienes algo que no te pertenece. -Debo dejar de pensar en ella, aunque sea difícil hacerlo. Aferro con una mano el vaso de ginebra azul, y con la otra rebusco mi canica azul. Eso siempre suele funcionar.
- ¿Por que te dedicas a esto? - Si fuera sordo, y a pesar de estar enfrente de ella, no hubiera podido leer esa frase de sus labios, porque me ahogo en su mirada.
- Me hubiera gustado ser taxista, pero no se me dan bien los planos. -Tiene que haber alguna manera de salir de esa mirada sin heridas visibles, o quizás.... quizás nadar en ellos hasta desembocar en sus labios.
Me sigue mirando mientras enciende un cigarrillo, aspira y expulsa el humo, que no logra distinguirse de ninguna manera del que ya flota en el ambiente.
- ¿Y no vas a preguntarme por mi sueño? -Es verdad que me conoce. Saco la canica azul y la coloco entre las curvas de las que intento escapar y mi vaso ya casi vació de ginebra. No me siento capaz de decir nada interesante, así que me encomiendo al roce de mis dedos sobre la canica... ¿Como será rozar su piel?
- Te llaman El asesino de la canica azul, el ladrón de sueños. -su mirada hace juego con su escote, y ambos juegan con partes de mi que a mi edad no deberían parecer las de un chaval de quince años.- Antes de matarme, me tienes que pedir un sueño. Eso dicen por ahí. Y lo guardaras en esa canica azul, ¿verdad?
- Más o menos -De la trinchera que todos los asesinos tenemos salta un pensamiento para decirme que a mis manos las gustaría sentir a que sabe la piel que está debajo de sus pechos, y mi sexo me hace moverme en la silla. Y juraría que ella sabe lo que pasa.
- Ahora mismo se me está ocurriendo uno - y su mano recorre casi transparente el espacio que la separa de la mía. Y no se como coño consigue que me duela el alma ese contacto, y a la vez que quiera que el perchero desaloje el local y consiga quitarla el vestido y besar su pecho, y su sexo, y sus labios, y esa mano, sobre la misma mesa que ahora mismo nos separa.
No hablo, en parte porque me es físicamente imposible hacerlo, y en parte porque mi boca se niega a realizar ninguna otra acción que no sea perderse entre esos labios de promesas infinitas. Cuando vuelvo de donde me había enviado el roce de sus manos, la visión de sus piernas alejándose tiene el efecto de aceite caliente sobre la silla. Intento no parecer demasiado torpe, pero envidio al perchero su facilidad para moverse entre aquella agrupación de sillas y mesas aparentemente sin sentido. Pienso que su culo parece hecho para que todo el mundo tuviera tantas ganas de que se acercara como de verse alejarse.
Y la sigo. La sigo a pesar de las sillas, las mesas y del Perchero que me mira con cara de poco amigos. La sigo a pesar de que se que esta historia sabe a derrota de las grandes, a charcos en mi boca y fosas nasales al final de la caída que supone. Pero una vez me dijo alguien que hay labios y miradas a los cuales merece la pena lanzarse, sea cual sea la altura del precipicio desde el que lo hagas. Le perdone la vida por aquella frase, y puede que este jugando con la mía por comprobarlo.
Desaparece detrás de una cortina. Y yo se que el resto de mi vida comenzará cuando la siga.
(continuara)
Fotografía: Lips
Originally uploaded by Valentina Vitols.
viernes, enero 05, 2007
El asesino que robaba sueños
Me miras de repente. He recibido puñetazos en la cara y me han hecho menos daño que tu mirada. Se que sabes quien soy. Por alguna extraña razón todo el mundo reconoce a su asesino antes de morir en sus manos. Y sin embargo, ni siquiera pestañeas. Sólo sonríes levemente. Y lo haces a la vez con un pequeño gesto de tus labios y con tus ojos. Nunca había visto a nadie sonreír con la mirada. Si me quedo de pie puede que sea yo quien muera, no se si ahogado por el humo, o de sed. Me siento a esperar que termines la canción. Pido un vaso de agua, y el camarero me dice que no me esfuerce, que no es esa agua a la que se refiere el nombre del local. Así que decido pedirme una ginebra azul con tónica.
El elemento decorativo que sirve las mesas vestido de camarero me trae la ginebra azul al mismo tiempo que tu desafías las leyes de la física elemental viniendo hacia mí a través de un espacio que antes me parecía imposible de atravesar, absolutamente lleno de mesas y sillas, y que tu recorres sin ni siquiera rozar. Claro que puede ser que no me de cuenta de nada, porque sólo miro tus ojos. Y tu cuerpo. Vas vestida de negro. Considerando mi visita, es un color adecuado. Y desde luego, si yo fuera vestido, te hubiera elegido a ti para llevarme. Mi mirada toma tus curvas y temo derrapar. Tengo que arreglar mi alarma contra mujeres peligrosas, porque no está sonando y, sin embargo tu cuerpo hace que me preocupe poco del trabajo que vengo a realizar.
Tu escote se sienta a mi mesa sin permiso, y es que me da la impresión de mis ojos no están acostumbrados a tener tanto trabajo, porque se quedan parados mirándote. Delante de tu escote aparece un vaso con Baileys, que debe haber traído mi amigo el perchero. Por lo visto, aquí le ponéis nombres a las cosas, porque le susurras un "Gracias, David", que no viene mal porque así puedo escuchar tu voz, que parece tan suave como el Baileys que después te llevas a los labios mientras tus ojos me disparan de nuevo a quemarropa.
- Hola. Soy Alba.
(continuara)
miércoles, enero 03, 2007
El primer encuentro
Alba se siente nerviosa. Su rápida aceptación a la propuesta de Álvaro de ir a un hotel a pasar la tarde la ha pillado tan de sorpresa como a él. No sabe ni siquiera porque lo ha dicho. Será la primera vez que esté en uno sin tener que pasar la noche por motivos de trabajo o turismo.
Aunque se conocieron hace más o menos medio año, cuando su jefe decidió trasladar la oficina al edificio donde Álvaro trabaja, su relación comenzó una noche hace apenas dos meses. Pero nunca han tenido la oportunidad de estar completamente a solas. Las circunstancias personales de cada uno se lo han impedido y sinceramente está cansada de cafés por la mañana en el bar antes de entrar a trabajar o al mediodía, robándole un rato a la comida. Y le desea. Tanto que su boca ha respondido casi sin que su mente se diera cuenta. “En fin, ya esta dicho”, piensa con nerviosismo, mientras él llama para hacer la reserva.
Siente vergüenza cuando pasan por recepción a recoger la llave. Le recuerda a las películas de televisión, esas películas antiguas en que dos amantes subían a la habitación tras la sonrisilla irónica del recepcionista. “Menuda estupidez, me estoy poniendo paranoica”.
Suben a la habitación sin que haya disminuido aún su nerviosismo. Álvaro abre la puerta después de buscar el número y se encuentra con un pequeño y agradable apartamento. No ha parado de hablar en ningún momento, una charla intrascendente que tiene el efecto de tranquilizarla poco a poco. El saca del diminuto refrigerador una botella de champán. “Dios, que previsión”, piensa, mientras intenta centrarse en la conversación de Álvaro.
- Ven, siéntate a mi lado –le dice él, por fin, mientras hace lo propio dando palmaditas sobre la colcha de la cama y ofreciéndola una copa. Se miran y sonríen y lentamente la inquietud de Alba va desapareciendo consiguiendo que se sienta más cómoda y serena.
Se acerca y se sienta junto a él. Por fin están solos, lejos de miradas indiscretas que la hacen sentirse tan incómoda. Brindan por ellos dos, por el comienzo, por los problemas que están seguros de resolver, por el futuro y por un montón de cosas. Y beben y se ríen. Y se besan, primero despacio, después impacientes. Álvaro gime y entrelaza ambas manos en sus cabellos, besándola con una ferocidad increíble.
Las manos de él comienzan a explorar su cuerpo con mucha delicadeza por encima de su ropa. Le recorre el cuello y los hombros con las yemas de los dedos, como dibujando sus contornos. La rodea su cintura presionándola contra él y Alba puede notar el calor de su cuerpo, tan ardiente como el de ella. Comienza a bajar su vestido y susurra de placer cuando deja sus senos expuestos. Empieza a acariciarlos y sus pezones se endurecen al primer contacto, se estremece cuando su boca se acerca para besarlos, mientras su lengua juega con ellos. Vuelven a besarse con pasión mientras le quita la camisa, mientras le desabrocha el pantalón y le acaricia. Siente como el deseo de él crece entre sus manos, entre sus dedos. El se quita toda la ropa y la ayuda a recostarse sobre la cama. Recorre su cuerpo con la mirada muy lentamente como tratando de memorizar cada detalle, mientras su respiración se oye agitada entre sus labios. La habitación desaparece, nada existe para ella, solo ellos dos. Por fin, no hay limitaciones a su deseo, todo se reduce a sus abrazos, a sus besos, a sus palabras y susurros. El aire se llena de suspiros. Su mano alcanza su sexo cubierto por la ropa interior y así comienza a acariciarla, mientras la besa los labios, el cuello, el pecho. Con una urgencia cada vez mayor, Álvaro desciende por el abdomen hasta hundir la lengua en su ombligo y no se detiene en el descenso sino hasta que se sitúa entre sus piernas. Aparta su ropa interior y contempla su sexo depilado que queda a la altura de sus ojos.
Sus dedos exploran su interior completamente humedecido, levemente al principio, más rápido cada vez. Alba separa las piernas inconscientemente y Álvaro desliza la lengua dentro de ella una vez y otra presionando en su interior, explorando cada pliegue, cada hendidura, alternando sus dedos y su lengua, rozándola con los dientes. Ella aprieta las sábanas y jadea su nombre, hasta que siente que no puede más e incorporándose coge su sexo entre sus manos, completamente erguido. Mientras comienza a acariciarle con sus labios y traza círculos con su lengua, alza su cara para mirarle, para disfrutar con su placer y sentirlo suyo. El la detiene, la hace parar. “Te deseo, Alba.” Se incorpora y la besa otra vez, con mucha ternura, deteniéndose en la comisura de sus labios. Con lentitud deliberada, se coloca sobre ella y de una sola vez la penetra con fuerza. Sus ojos y sus bocas se encuentran de nuevo. Lentamente sale de su interior pero no por completo. Y la penetra nuevamente, incrementando la velocidad. Otra vez. Alba toma a Álvaro de sus caderas y se mueven juntos hasta que se ve envuelta en un torrente de sensaciones como jamás había experimentado.
Gradualmente, sus cuerpos se relajan. Alba le estrecha entre sus brazos con fuerza, disfrutando de su peso sobre ella. Le acaricia el cabello húmedo, la espalda firme y se siente contenta, feliz. Se habían entregado totalmente el uno al otro y había sido recompensada con una compenetración tan profunda como no pensaba que podía existir.
Finalmente, el se incorpora sobre su codo y la mira. Sus manos siguen acariciando despacio, suavemente, sin urgencia. Después coge las copas de ambos, le entrega la suya y le propone un brindis:
“Por nosotros y nuestro futuro, lleno de problemas y de obstáculos por superar. Por ti, por ser la persona que llevo media vida buscando. Porque siempre pueda recordar tus ojos como me miran ahora. Y porque te quiero.”
Palabras que aún hoy, cinco años después, ella sigue teniendo grabadas a fuego en su memoria.





