viernes, marzo 30, 2007

Y sin embargo....



"Ya tiene los cuarenta cumplidos y sin embargo la siguen eligiendo una de las mujeres más deseadas del mundo"

Esta pregunta se la realizaba un periodista español a Halle Berry esta semana con motivo de la presentación en Madrid de su última película, "Seduciendo a un extraño". Lo que más nos ha llamado la atención es la utilización del "y sin embargo", como si al periodista le pareciera extraño (valga la redundancia) que con cuarenta años se pudiera ser tan deseada. Dado que la susodicha nació en el mismo año que nosotros, 1966, y que si hace esa pregunta está claro que mira el carnet de identidad antes que otras cualidades (físicas y mentales, que de todo hay en la viña del deseo) para moverse en esto de las relaciones sexuales, sólo podemos decirle que no sabe lo que se pierde....

jueves, marzo 29, 2007

Imagínate un beso...


I M P U L S E
Originally uploaded by R@punseLL.
Imagínate un beso. Un beso largo. cálido. Un beso lleno de humedad y deseo. Un beso que esperas. Un beso de mis labios entreabiertos, ansiosos de rozarte. Un beso con sabor a brisa y viento, a luz y sombra, a risa y miedo. Un beso que pudiera dar nombre a todos los besos. Un beso que te derrame, te seduzca, te ilusione, te proponga, te prepare....

¿Ya?

Y ahora, dime... ¿Sobre que labios lo quieres?

miércoles, marzo 28, 2007

Deseos

Ojos cerrados y silencio a mi alrededor. Y sin embargo, soy capaz de escuchar tu voz como si estuvieras hablando junto a mi oído. Soy capaz de sentir tus manos recorriendo mi cuerpo hasta el último rincón en una caricia que parece no tener fin. Imagino tus labios besando los míos y explorando mi piel, haciendo que mi cuerpo y mi sangre ardan con su calor. Es el deseo de tenerte entre mis brazos y en mis labios, de sentir tu pecho junto al mío y de que, envueltos el uno en el otro, mis manos se enreden en tu pelo y te derritas dentro de mí.

A veces, aunque no estés a mi lado, la distancia que existe entre tu piel y la mía es de un sólo pensamiento.

martes, marzo 27, 2007

Reflejos

Estamos tumbados en la cama de nuestro local favorito. Nuestra manos recorren la piel del otro distraidamente. No hay demasiada gente alrededor. Una pareja se acaba de colocar un poco más allá. De vez en cuando les miramos y nos miran, en el juego continuo que se se establece en el agua. Conversan y acarician al mismo tiempo que nosotros. La semioscuridad y la relativa distancia no permiten sino insinuar contornos y movimientos. Mis manos recorren el contorno de tu pecho, y percibo al instante tu respuesta. Te beso. Al levantar la mirada percibo el mismo gesto en la otra pareja. Una caricia, un beso. Parecen más cerca y ninguno de los cuatro nos hemos movido. Quizás las distancias en el agua se midan en deseo.

Ella recorre el cuerpo de su compañero hasta su sexo, y lo envuelve entre sus dedos. Tu mano juega a ser espejo y noto tu caricia, y mi deseo se levanta contra la palma de tu mano. Ella mueve sus labios al encuentro de sus manos, y ambos miramos como besa el sexo de su amante. Función extraña pues, al ser a la vez platea y escenario. La sigues, y tus labios me envuelven en su humedad maravillosa. Las miradas se cruzan. Aprovechas cada poco tiempo para cambiar mano por boca y poder mirar a nuestro espejo.

Y en este juego de espejos ahora eres tu quien decide ser la original. Colocas tus rodillas a ambos lados de mi cuerpo tendido, y dejas caer tu centro sobre mi sexo. Ambos nos miramos, y luego ambos miramos al espejo en el que se han convertido nuestros compañeros de habitación. Ella se coloca de igual manera y de igual manera se deja caer sobre el sexo de él. Y ambas os moveis sobre nosotros, y ambos debemos sentir que todo se mueve alrededor del interior de vuestros sexos. Mis manos se desplazan sobre la curvas de tu pecho, su pecho se desliza entre sus manos. Sonries y suspiras. Suspiran y susurran. Me gustaría poder vernos desde fuera. Poco a poco aumentas el ritmo, y ya no necesito mirar más para saber que ella también lo estará haciendo.

De todos modos, ya no me importa el espejo. Sólo quiero ver el deseo que escapa de tus ojos y oir el que se derrama de tus labios. Cierro los ojos y aún puedo verte mientras llego exactamente al mismo sitio donde tus susurros y la tensión de tu cuerpo dicen que me esperas.

Te dejas caer sobre mí. Y acaricio tu pelo. Te susurro un te quiero, y todo es agua tranquila. Agua como un espejo. Agua que al mirar nos devuelve dos sonrisas.....

Fotografía: Thomas Kierst

domingo, marzo 25, 2007

Horizontes de interior

Llegar a tus ojos y nadar dentro.

Navegar entre tus labios.

Tu interior es mi horizonte... siempre presente y siempre por llegar, para seguir apareciendo.

Te quiero.

Hay canciones...



...que no hace falta ni escucharlas para que te gusten.

viernes, marzo 23, 2007

Nada más

Hoy sólo quiero estar acurrucada entre tus brazos. Sólo quiero sentir que me abrazas con fuerza, saber que estas ahí, mientras tus manos me acarician y me acunan. Dormir envuelta en un abrazo. Nada más.

Y nada menos.

jueves, marzo 22, 2007

¿Jugamos?

Paseando por la red (si, a veces nos salimos del agua), leemos en nosotras.com la referencia a un estudio realizado por una compañía británica de alquiler de videojuegos, gametart. Según sus resultados, las mujeres que juegan con las consolas (no confundir con consola.....), practican el amor un 34% mas que las que no lo hacen. En principio, no habla nada de los resultados de los videojuegos sobre la vida sexual de los varones. Teniendo en cuenta que ambos somos habituales en esto de darle a los botoncitos, ya sea en consolas u ordenadores, la cosa pinta bien, la verdad. A lo mejor así no tenemos tanta reticencia a jugar alguna noche que otra, por aquello de que nos terminemos liando matando trolls en algún bosque perdido de la mano del elfo, y tengamos que suspender ciertas actividades más... digitales (de dedos, no de dígitos), porque parece ser que la final termina compensando. Sera por jugar... a lo que sea.

miércoles, marzo 21, 2007

Mis cinco sentidos

Duermo. Algo leve me roza y consigue que el sueño me abandone poco a poco. Noto tus manos caminando por mi espalda, con pasos leves y silenciosos, tan suaves como la caricia de un niño. Voy saliendo de mi letargo despacio mientras escucho, y tus palabras y susurros junto a mi oído hacen que algo vibre y se agite entre mis muslos. Espero sin abrir los ojos a que tus manos encuentren poco a poco lo que buscan y lo que yo ahora deseo que descubran. Sé que no quieres despertarme con brusquedad, por lo que eres sumamente delicado, pero como me siento ya por completo despierta, me vuelvo hacia ti ofreciendo mi cuerpo desnudo a tus caricias.

Mis ojos se abren para mirarte aunque apenas te vislumbro con la poca luz que entra por las rendijas de la ventana. No lo necesito pues conozco cada parte de tu cuerpo como si fuera el mío, cada resquicio, cada curva, que ahora recorro con la punta de mis dedos. No lo necesito, pero me gusta mirarte.

Ahora son mis labios y mi lengua los que se deslizan por tu cuerpo: tus labios, tu cuello, tu cuerpo, tu sexo, saboreando cada centímetro de ti y deleitándome con tu sabor, mientras me invade el conocido aroma de tu piel. Nuestras miradas se cruzan y no hacen falta las palabras. Con ella te estoy pidiendo a gritos que me ames y que calmes el fuego que siento en mi interior.

Tu sexo en mi sexo. Tu pecho en mi pecho. Tus labios ahogando los gemidos que salen de los míos. Mis dedos clavados en tu espalda y mis piernas abrazándote. Siento que me invades por completo con tu cuerpo, que me llenas, me ocupas, me tomas y me abarcas. Y me das todo lo que eres y te doy todo lo que soy.

Con mis cinco sentidos completamente alerta, te oigo, te miro, te paladeo, de huelo y te siento.

martes, marzo 20, 2007

Pequeña fotografía de deseo #10


Me gustas cuando me encuentro en tu interior, y tus brazos se extienden, y con las manos apoyadas en la pared, sientes cada uno de los empujes que te ofrezco.

lunes, marzo 19, 2007

Un libro de agua... (y V)

Por debajo de su sonrisa, entró su cuerpo. Un cuerpo al ataque, como un despliegue de caballería. Cada paso, cada inclinación leve de su cuerpo al darlo…

-¿Te ibas? -su voz…- te dije que vendría.

Debía de haberme agachado a recoger las palabras que se me cayeron de la boca. Porque no pude decir ni media. Pero algo en su mirada me dijo que quería jugar. Que fuera su ratón del juego y que, por lo menos, corriese.

-¿Lo has encontrado, verdad?

-Sabes que sí-pues juguemos, seré el ratón más escurridizo del mundo, si es que esa mirada de gata me lo pide- Y también sabes que aún debemos terminarlo.

-Lo sé –definía cada palabra, cada acento como si el aire estuviera hecho solo para llevar sus palabras. Decía “lo sé” y sonaba como si otra hubiera dicho “te deseo”.

-¿Por qué yo? No soy nadie. Nadie especial. No tengo nada que ofrecerte.

Mis palabras surgen de algún sitio escondido y cerrado, y a lo mejor la llave colgaba de esas caderas que anhelaba agarrar.

-A lo mejor no quiero nada. O a lo mejor por eso, eres el único que puede ofrecerme todo…

Y dos pasos eternos, y sus eternos labios en los míos, y si me toco ahora todavía puedo sentir los latidos de ese beso, como si hubiera puesto algo extraño entre los diminutos pliegues de mi boca. Y por primera vez entiendo que es besar un sueño, y comprendo, con mi lengua contra sus dientes, que es lo que sienten aquellos que creen en milagros absurdos, en absurdos dioses. Aquella boca tenía el sentido de la vida atrapado entre suspiros. Mis dedos rozaban sus mejillas. Levemente. Siempre desde entonces tuve miedo de que todo se rompiese si mis dedos la tocaban. Nuestros ojos. Ella quien lanzaba y yo quien recibía.

Estoy seguro que me faltan palabras para definir el encuentro de mis manos con su cuerpo. Palabras que no conozco o incluso palabras que aún no tienen quien las piense. Palabras que definan la curvatura de su cuerpo, el calor y el frío, el aire de su ropa al caer sobre el suelo, la sensación de querer colocarme en veinticinco sitios diferentes para poder apreciarla a la vez desde todos ellos. Frases que describan exactamente el sabor de sus pezones dentro de mis labios, duros entres mis labios y mi lengua. Ella estaba quieta como un sueño, como un cuadro. Se dejaba acariciar y únicamente sus manos en mi pelo hacia que la notase. Me dejó recorrerla, abrazarla, medirla. Me decía con su presencia entre mis brazos, aquello que recordaría toda la vida.

-Ven – me dijo. Y las órdenes de un gran capitán no hubieran sido obedecidas con tanto ahínco, con tanto honor, ni tanto miedo. A derretirme entre su cuerpo, a dejar de existir entre sus labios.

Me situó como yo la había imaginado y descrito a ella tantas veces. Sus mano e aferraron a mi pecho por debajo de la ropa. Juro que era agua. Agua leve, templada, agua que se dejaba resbalar hacia mi sexo, y la atrapaba y lo dejaba expuesto. Y se enroscaba en él. Besos en la espalda, pezones duros. Susurros.

-Nunca me persigas. Sólo espérame –Frío. Y calor como nunca–. Me odiarás. Pero solo porque no podrás dejar de amarme.

Quiero su cuerpo. Quiero que se abran sus piernas y mi sexo la solape, pero sus manos me atrapan desde mi espalda. Me domina, me juega, me sorprende.

De pronto no siento sus manos. Y me vuelvo, y sonríe. Y se desplaza hacia atrás hasta sentarse en el escritorio. Y abre sus piernas. Y sonríe. Y su mano se encuentra con su sexo, por debajo del elástico de sus bragas de negro encaje. Y sonríe. Y yo me acerco, me tiro, me desplazo, me arrodillo, y… antes que sepa con seguridad que sonríe de nuevo, mis labios se encuentran con sus dedos en la puerta de su centro. Y apartan la tela y me guían. Y la beso. Mi lengua se desplaza de sus pliegues abiertos a sus dedos. Mis manos templan sus piernas. Me lleno de agua, de sexo, de su coño abierto. El cielo azul debe saber a esto, las películas deberían terminar donde terminan mis dedos. Tensa su cuerpo y sus susurros tensa. Y tres leves golpes en la mesa. No podré sazonar nada que pueda parecerse a ese sabor de la muerte pequeña entre sus labios.

Me siento solo y lleno. Lleno de su sabor en mis labios como un hilo dental entre mis dientes. Y estoy solo en esa habitación de librería, ahora de libros olvidados, porque se han ido todas las historias, todos los ensayos, todas las novelas. Son hojas vacías. Son papel. Estoy solo porque cierra los ojos mientras su mano calma el calor entre sus piernas, con caricias frágiles y leves. Y supe que para entender a partir de ese momento muchas cosas, debería mirar el diccionario que era aquella mujer con nombre y curvas de amanecer.

Pero luego los abre. Futuro y cielo. Entendería Babel si pudiera entender lo que me dice con ellos. Tengo miedo. Era un sueño, y ahora está esperando la llegada de mi sexo. Alba. Agua. Un libro de tapas azules es un sueño.

Entrar en ella. Entro mi sexo, es cierto. Pero entraron mis deseos, mis sueños, mis dudas, mis certezas. Y por fin supe que ya podría describir su rostro en un papel entre tapas azules. La miraba a los ojos y tocaba el fondo de su alma con mi sexo. Y ella me cubría, me arropaba, me seguía. Su sexo era agua y el mío agua era. Cada vez más. Escribí su rostro, sus pechos tensos de ingravidez y deseo. Sus pezones rosados, sus rozados muslos. Sus ojos en mí. En mil partes a la vez sus manos.

Fuera y dentro. Y una luz negra que tapa todo. Cierro los ojos y muero. Mis labios reposan en su hombro. Miedo. Miedo de tener que irme, de dejar de escribirla. No quiero que haya fin para este libro. No quiero que se cierren las tapas azules.

Quizás si antes de dormir digo su nombre…. Alba.

Alba.

¿Alba?

-Sí, Alba Martín. Vine hace unos días buscando un libro. Ya le encontré nervioso y extraño, pero no le di demasiada importancia. Y al llegar ayer, le encontré así, tirado en el suelo.

El inspector Bermúdez apunta lentamente en su libreta los datos de aquella mujer. No le cuadra nada de los que le han contado esos ojos grandes y esa sonrisa cautivadora. Hacía tiempo que venían teniendo denuncias sobre la librería y su dueño. Ruidos ensordecedores de madrugada, golpes. Por lo visto el dueño, un escritor frustrado, había estado abusando de investigar sustancias que le ayudaran a superar su falta de imaginación, intentando escribir algo decente, diferente. A punto había estado de escribir un epitafio precioso. Sin embargo, en aquella historia, no parecían tener cabida aquellos ojos que le miraban de manera intensa, y que, no sabía porque, le hacían sentir dos cosas: unas ganas enormes de hablar con su mujer y verla, de comer con ella, y de besarla; y la otra, una sed enorme.

-Bien –prosiguió el inspector- y dice usted que se hará cargo de todo y hablará con los vecinos ¿es así?

-Sí –ojos, agua. Su mujer. Ya es casi mediodía. Y el bar de Toño habrá hecho paella, y es jueves, y si se da prisa y la llama a lo mejor cogen mesa.

-¿Y que relación le une a… -miró la libreta- Álvaro? ¿Son pareja?

-Digamos que… a los dos nos gusta el agua.

sábado, marzo 17, 2007

Nos gusta mirar #6


"Pecado Original" (2001) de Michael Cristofer

viernes, marzo 16, 2007

Un libro de agua... (IV)

Pero fue imposible. Jamás nadie había visto ese libro. Ni yo, ni la Base de Datos del Ministerio de Cultura, ni siquiera ninguno de mis amigos libreros. Nadie sabia nada. Ninguna editorial. Nada. Cero. Un día entero buscando. Un día entero para pensar en que ella volvería. Y yo la habría fallado.

Y me senté en la mesa, desesperado por no haber encontrado un maldito libro. Como un delantero centro sin goles, o un carpintero sin martillo. Desesperado golpeando un viejo libro de tapas azules...

Un libro que no recordaba haber puesto ahí. De tapas duras, azules... como el agua. Le dí la vuelta. Una sola frase en la portada: "Nos gusta el agua". Me dio miedo. Me dio frío, como si entrara en ese azul, fuese agua, y estuviese helada. Ridículo. En medio de una librería, con un libro en las manos sin atreverme a abrirlo. Mirando absorto una simple frase. Pesaba tan poco como un beso y tanto como un recuerdo.

Fuera cual fuera mi deseo, tendría que abrirlo.

Lo hice con cuidado, como si fuera a desaparecer, como si abriera un sueño. Ninguna editorial, ningún autor, ningún año de impresión.

Tres páginas en blanco seguidas de un escalofrío.

Porque no hacia falta leer más allá de la primera linea para reconocer el texto. Cada punto, cada palabra, cada verbo.

Lo conocía perfectamente, porque lo había escrito yo.

Me abalance como un loco hacia los papeles de encima de mi mesa. Los compare una, dos veces, treinta. No había error. Me volví a dejar caer sobre la silla, entiendo que con cara de alelado total.

Y el libro no estaba acabado. Se interrumpía justo cuando lo había hecho yo, al entrar ella por última vez en la tienda. Ella. Alba. Descrita, acariciada, poseída por mí en un libro nunca escrito y aparecido por arte de magia. Magia. En sus ojos, en su escote, en su andar resuelto, que seguiría hasta el infierno. Ella suspirando, ella con la cabeza agachada, ella con mi sexo entre sus curvas.

Mi mano comenzaba a escribir de nuevo:

"Agua. Agua en tus labios. Tus ojos de Alba enfrente de los míos. Agua el aire que surge de tu piel de un leve roce. Agua de torrente tus dedos sobre la tela que cubre mi sexo. Agua tus manos en su búsqueda. Agua que se agacha y me rodea..."

Y así horas de frases, de páginas frenéticamente rellenadas.

Amanecí recostado sobre el escritorio, con decenas de hojas escritas y esparcidas sobre él. No me moleste en reunirlas. Sabía que todo estaba allí. Entre dos tapas duras de color azul.

Cerré la tienda y al llegar a casa me deje asesinar un poco sobre la cama. Al mediodía no me levante yo, sino un crío de veinte años que tiene una cita. Me duché, me tire media hora eligiendo una ropa que no pareciera que hubiera elegido, y repase mentalmente cientos de conversaciones posibles con ella, sabiendo perfectamente que ninguna podría encajar en aquella situación: Hola, que tal, he escrito un libro en el que hago el amor contigo una y otra vez, pero eso tu ya deberías saberlo, a pesar de que nunca nos habíamos visto antes...

Llegué a la tienda un poco antes de las cinco. Y un poco antes de las seis no había aparecido. Ni un poco antes de las siete. Limpie y ordene cada rincón de la tienda, cada libro desordenado cayó vencido en su estante. Casi maltrate a dos o tres clientes que aparecieron por alli. A las ocho las paredes hubieran sido bajas para subirme por ellas. Llegaron las nueve menos diez mi cuerpo se preparaba para levantarse y cerrar, y lo tenía que hacer sólo, porque mi cerebro y mi alma no esyaban por allí.

Pero a las nueve menos un minuto se abrió la puerta.

Lo primero que entraron fueron sus sonrisas, y arrastraban a sus ojos y a sus labios, de un rojo que no parecía necesitar otra cosa para ser perfecto que el roce de mi boca...

(Continuara...)

Fotografía: Gabrielle Rigon

miércoles, marzo 14, 2007

Cerrando bares

Tres de la mañana. Después de pasar un buen rato de charla y juegos mientras tomamos una copa en un pub, nos avisan de que van a cerrar en breve, por lo que decidimos acabar la noche en el agua. Hoy simplemente entramos en el local, bajamos y nos mojamos. Tengo la sensación de que la sala esta vacía, que estamos solos los tres, tú, yo y el agua o por lo menos yo no veo a nadie. No me detengo, sino que entro directamente y al darte cuenta, me sigues. No existe el tiempo, ni el lugar. Solos. Nosotros. Me das lo que deseo mientras el agua nos mece, acaricia y acuna.

Me gusta mucho verte salir. De pie, alto y perfecto, desnudo para todos, pero mucho más que desnudo para mí. Tu cuerpo brilla iluminado por el reflejo de la luz sobre las gotas de agua que resbalan por tu piel. Quiero lamer esas gotas que van cayendo por tu cuerpo y las recojo con la punta de mi lengua de tu pecho, de tus brazos, tu cuello y tu sexo, mientras tus manos hacen lo propio con la que fluye de mi cuerpo, agua que existe por y para ti. Tus dedos resbalando por mi mismo centro consiguen que me agite y me estremezca, a la vez que suspiros de placer se escapan de mi boca. Me reclinas para paladear el sabor de tu éxito que explota al son del baile de tu lengua y de tus labios.

Y pides unas copas. Tus manos indolentes en mi cuerpo, lentas y suaves me acarician sin apremio. Y charlamos y reímos mientras miramos y nos miran. Observo tu boca mientras fumas un cigarrillo y la deseo. Y termina la noche como acaban nuestras noches, encontrando mi sabor y tu sabor en tus labios mientras hacemos en amor, mientras llenas por completo mi sexo de tu sexo y mi alma de tu alma.

Y como siempre, cerramos el local. Son las 6, nos echan. Otra noche perfecta.

martes, marzo 13, 2007

Huevos, patatas y chorizo


Huevos con patatas y chorizo. Eso es lo que nos tomamos el sábado, tras volver del agua, a las siete de la mañana. Será porque necesitábamos renovar fuerzas. Y nos viene a la cabeza la pregunta: ¿Que os gusta hacer "después"? Y no nos referimos sólo al cigarrito de marras (aunque también).

Ya sabéis... Nos gusta mirar.


Fotografia: MLH

lunes, marzo 12, 2007

Un libro de agua... (III)

Volvió. Cómo sólo vuelven los sueños, los veranos, los atardeceres... Y esta vez no me encontró describiendo a un asesino a punto de cometer un homicidio, sino al espejismo de su cuerpo entre mis manos. Así que mientras ella caminaba de la puerta hacia la mesa, y llenaba el aire de su presencia, yo recogía apresuradamente los papeles que describían mi caricias sobre esas piernas inacabables que se acercaban, y la odiaba. La odiaba porque no me miraba, sino que me lanzaba una cadena al cuello. Me miraba de frente, con sus sonrisas clavándose en mis labios, cerrándolos a cualquier repuesta. La odiaba porque sabía perfectamente que existiría siempre, que siempre sería deseo y sueño, y que nunca la tendría. La odie porque no fui capaz de levantarme para probar sus labios, tensar su cuerpo, ofrecer mis manos al agarre de sus caderas, y me quede allí sentado como un perfecto idiota.

- Hola. Busco un libro -Y yo buscaba el brillo de sus labios.

- Si. Hola, dígame... conoce... título... autor. ¿puedo ayudarla? -Y su sonrisa divertida de jugadora sobre sus cartas, sus peones o sus dados. Y mi mirada descontrolada, pasando de sus labios al recorte de su perfil contra la luz, sus zapatos de tacón, sus medias negras.... acababa de describir su cuerpo con esas medias, y había descrito como mis manos....

- Busco un libro. Este libro. -Y su mano me tiende una hoja de papel con un título, escrito a mano, quizás con la suya: "Nos gusta el agua".

- No recuerdo el título. -la digo. y mi trabajo me sirve para lograr recuperar cierta apostura ante su presencia- ¿No sabe nada más? El autor... la editorial...

- No me llame de usted, por favor -te llamaría como tu dijeras, pensé, mientras pudiera escribir ese nombre con mi dedo en tu espalda, una y otra vez... - Me llamo Alba.

Alba. Y la debí mirar desde mis ojos abiertos como quien se mete el agua de un rio helado, y la vi disfrutar del poder de la correa de su mirada alrededor de mi cuello.

Alba. Y debí haberla besado aquella misma tarde. Quizás entonces no me hubiera dejado hacerlo. Debí haber besado aquellos labios en ese mismo instante, y mis brazos debían de haberse acercado a presionar su pecho. Debía de haberla arrinconado sobre la estantería donde colocaba las ediciones de bolsillo, y haberla hecho mía contras las novelas ejemplares. Pero no hice nada. Sólo mirarla... y repetir su nombre.

- ¿Alba?

- Si. No conozco el autor, ni la editorial. -me contesta. Y sus palabras bailan en el aire, como las notas de música en los viejos dibujos animados- Pero se que habla de dos personas en el agua, en un agua especial que ellos mismos crean, habla de... pasión y deseo... - Y yo desee que pusiera mi nombre delante de esas dos palabras.

- Entonces... ¿Me podría ayudar? -Ayudarla a que su cuerpo desnudo se fundiera con el mio y ambos con el aire.

- Si, claro que si. ¿Me das un par de días? -Y soñé que me bastaría un par de horas, y las sábanas serían blancas y su pelo negro se enredaría en mis dedos, y sus dientes en mi boca...

- Si, claro. Volveré pasado mañana.

Y volvió a salir por la puerta, y a irse como los sueños, como los veranos, como los atardeceres...

(continuará)

Fotografia: Hagedorn

sábado, marzo 10, 2007

Otra de Universidades


Arreglarse
Originally uploaded by Nos gusta el agua.
Hay que ver la cantidad de tiempo que dedican las universidades a esto del sexo. A lo mejor deberían practicarlo más y estudiarlo menos, aunque a efectos de post, se les agradece la intención. Ahora han sido los de la Universidad de California.

A saber: Sacan fotos de mujeres en diferentes etapas de fertilidad. No contentos con eso, se las enseñan a un grupo de jueces imparciales. Y resulta que en un 60% de los casos se vestían, parece que inconscientemente, de manera más atractiva cuando ovulaban....

Y digo yo... Alba... ¿Tú ovulas durante todo el mes? No, ¿verdad? A ver si es que yo no soy un juez imparcial.

Y ya sabéis... Nos gusta mirar.... vuestras opiniones

jueves, marzo 08, 2007

Un libro de agua... (II)

Tardo algunos dias en volver. Y aquellas frases escritas sin darme cuenta en un papel, se transformaron en una multitud. No es que ya no me diera cuenta de lo que escribía, pero a veces tenía la extraña sensación de ser un simple espectador de mi mano trazando rápidamente palabras sobre el papel. Nunca había escrito tanto ni tan rápido. Historias sobre una desconocida. Historias en las que mis caricias la conquistaban, la seducían, la extasiaban:

"La dije que permaneciera de pie, frente a los libros, sin moverse. La pedí que se levantara el vestido lentamente. Y lo hizo, desde luego desesperada y maravillosamente lento. Podía definirlo a la vez como una eternidad o como un instante. Sus piernas, sus medias negras, sus curvas de horizonte..."

Y me di cuenta de dos cosas. La había empezado a llamar Alba, y ni siquiera había cruzado dos palabras con ella, salvo un educado buenas tardes. Y nunca retrataba su rostro. Siempre la poseía de cara a los libros. La verdad es que no era consciente de haber pensado de antemano ninguna de las dos cosas, antes de escribirlas. En cuanto al nombre, la verdad es que le encantaba. Siempre había jugado a probar los nombres de mujer junto con una frase, y comprobaba así si de verdad me gustaban, y este era perfecto: te quiero, Alba. En cuanto a lo del rostro.... No podía pensar en otra cosa que en probar sus labios, y sin embargo, seguía escribiendo...

"Mis manos nadan en tu pelo de agua mientras mi sexo aguarda firme frente a tu espalda, y te muestra extensiones olvidadas. Alba. Repito tu nombre al tiempo que tu cuerpo se mueve sin dirección fija para sentir aquello que deseas en tu interior. Cuando eres consciente de que no puedes más, deslizas tu mano entre tus piernas y guías al viajero hacia tus puertas. Te penetro, te poseo, te lleno de tal manera, que tengo que cerrar los ojos y repetir tu nombre para no ahogarme en tantas sensaciones..."

Asi que cada ruido en la puerta de la tienda era seguido de una mirada de deseo, y desesperación. Cada frase escrita, cada encuentro descrito, cada palabra en aquellos papeles me llevaba más y más cerca de querer, de necesitar, que volviera a entrar por aquella puerta.

Y volver a buscar sonrisas en la dirección de su mirada

(continuará...)

Fotografia: hagedorn

miércoles, marzo 07, 2007

Diez minutos (y no me refiero a la revista)

No suelo leer a menudo "Journal of Sexual Medicine". Pero nombro aqui la publicación, porque en un estudio para ellos, un equipo de la Universidad canadiense McGill pidieron a un grupo de hombres y mujeres que vieran una serie de vídeos variados (desde Mr. Bean a pornografía), mientras median el calor corporal de sus genitales mediante una cámara térmica. El resultado fue que la temperatura se incrementó a la misma velocidad. Resumiendo y enunciando la teoría resultante: "Desde el punto de vista fisiológico, las mujeres llegan a la cúspide de excitación sexual con la misma rapidez que los hombres". Diez minutos. Joder que listos son los canadienses. Debe ser que con el frío no salen y se dedican todo el tiempo a darle al coco (y a la camara térmica).

Así que diez minutos. Diez minutos tarda en hervir el agua. Diez minutos es el tiempo en que tu piel se transforma en un camino perfecto para mis caricias, o que tus ojos cambian sonrisa por deseo. 600 segundos para que no importe nada más que tus labios en los míos, para que note en el aire la más leve inclinación de las curvas de tu pecho.

No sé. Ayer te vi inclinada recogiendo algo y no creo que pasara tanto tiempo. Osea, que o yo soy muy simple, o tu nunca has pisado Canadá.

Y a vosotros, ¿os parece mucho, poco, o como que os da lo mismo?

Fotografía: Samantha Wolov

martes, marzo 06, 2007

Un libro de agua... (I)

Yo tenia una pequeña tienda con cientos de libros llenos de palabras, y ella una mirada que no podía ser definida por ninguna de ellas.

Entro por primera vez una tarde de diciembre, al tiempo que sonaban en mi desvencijada radio inmensos gritos de alegría y explosiones de risa. Era un 22 de diciembre y los afortunados con el Gordo de la Lotería exhibían su contento y futuro a quien quisiera oirlos.

La puerta se abrió, y mis ojos, en un gesto tan inconsciente como repetido, se dirigieron a la entrada. En ese mismo instante, andaba yo enfrascado en escribir algo medianamente decente, y me colgué de manera indecente de su mirada. "Mirada de mil sonrisas", escribí de repente, haciendo salir la frase de la boca de un asesino malcarado a punto de cumplir su cometido, con lo que una bola de papel arrugado volvió a marcar un tiro de dos puntos.

Y debajo de las sonrisas, un cuerpo de regalo envuelto en un vestido blanco y negro que hacia parecer todo lo que pudiera mirarse precisamente en esos dos colores, menos su rostro, sus labios, sus rincones.

Aquella primera tarde comenzó a pasear sus sonrisas hechas miradas por los libros de las estanterías, tras un tibio y típico buenas tardes. Cogiendo algunos, abriendo menos, y sin hablar o mirarme. Asesinado mi asesino por su mirada, no lograba ni media frase coherente, asi que mis ojos la seguian. No lograba evitar admirar su cuerpo, la manera de que sus piernas la movían, la curva de su pecho al contraluz. Sus labios entreabiertos murmurando al leer el título del libro entre sus manos. La verdad es que comencé a envidiarlos. Su mirada les recorría, sus dedos acariciaban sus cubiertas, su mente recogía sus palabras.

Cuando después de una de las miradas furtivas, pero constantes, que la seguian por la tienda volví a dirigir mis ojos al papel....

"mis manos recorrían su cuerpo, levantando tela, caminando en las curvas de su pecho, besando su cuello, haciendo que notara toda la ansiedad y el placer que se agolpaban en mi sexo, mientras sus manos se apoyaban en la estantería, una mano en las obras completas de Neruda y la otra en un tratado de filología inglesa. Ella agachaba la cabeza, mientras su cuerpo de curvas infinitas parecía surgir de mis manos según iba descubriendo su piel..."

No recordaba haber escrito eso.

Sonó la puerta. Levante de nuevo la cabeza. Ya no estaba.

(continuará...)

Fotografia: photosight.ru

lunes, marzo 05, 2007

Diez cosas que me hacen sentir bien

Alba me encargo este meme, y como no, ahí van diez cosas (entre tantas) que me hacen sentir bien.

1.- Llegar a casa y ver sus ojos. Besarla y comprobar que puede amanecer perfectamente a las siete de la tarde.

2.- Oír, ver, sentir su risa. Ver a las sombras esconderse, comprobar que se asusta el silencio. Y los ojos le brillan, y el aire sabe a verano, y todos los verbos se pasan a futuro.

3.- Tener su piel bajo mis manos, su cabello entre mis dedos, y que todos los caminos sean a la vez nuevos y conocidos, y no cansarme nunca de andar sus recorridos.

4.- Hablar de cualquier cosa hasta cerrar los bares, y que parezca que llevamos al resto de la ciudad a que se duerma, y sólo quedamos nosotros y el agua, y no hay más sonido que el roce de sus labios en los míos.

5.- Verla andar. Verla colgar la ropa, coger un tenedor, morder un lápiz, beber de un vaso rosa del Ikea, elegir la fruta del supermercado. Vivir con los ojos suficientemente cerca de ella para no perderme nada.

6.- Leerla. Y sentir sus caricias en mi piel. Palabras que son agua. En mis labios sus frases son aire al repetirlas.

7.- Hacerla subir y bajar sobre, entre, desde mis dedos, mis labios o mi sexo, y verla cerrar los ojos, tensar los brazos, hablar sin decir nada. Colocar el centro del mundo justo en lo que siente en el agua de su sexo.

8.- Disfrutar de un día con los niños junto a ella. Sentir que somos una familia, y que tiene sentido serlo a pesar de todo. Y reirnos de sus ocurrencias, y enfadarnos por sus errores. Y ver que crecen. Oír cantar a una niña en otra habitación, mirarnos... y sonreír.

9.- Pensar lo mismo sobre tantas cosas. Hablar sin hablar. Mirarnos sabiendo lo que piensa el otro.

10.- Soñar que quizas algun día...

Le paso el testigo a cualquiera que haga comentarios en este post, no haya hecho ya el meme, y por supuesto, tenga la suerte de tener al menos diez cosas que decir.

sábado, marzo 03, 2007

Nos gusta mirar #5


Pool Love Scene From "Showgirls" - More bloopers are a click away

"Showgirls" (1995) de Paul Verhoeven.

jueves, marzo 01, 2007

Meme para mojarse


- ¿Con qué tres blogger pasarías una noche de locura sexual?

Alba: Príncipe, Hermes, Max
Alvaro: Belita, Lokita y Glauka

Nuestra noche de locura sexual perfecta sería irnos los ocho y a lo que saliera… llamarle Manolito, ya sabéis, nos gusta mirar y que nos miren. Si tiene que ser a lo loco, pues a lo loco.

- ¿Cuánto tiempo llevas blogueando?

Aunque empezamos en mayo con Nos gusta el agua, nos lo tomamos más en serio a partir de octubre.

- ¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y te animaste a participar?

La verdad es que una crisis grande de pareja hizo que descubriéramos lo bueno que es desahogarse escribiendo tus sentimientos en un blog. El amor a la escritura, a la vida y el nuestro hizo lo demás.

- ¿Cinco blogs que sigues a diario o con mucha frecuencia

Alba: Verde Melón, Thalatta, Lolita, Elixir de lujuria, Soleil
Alvaro: A pesar de mí, Cobre, Entre líneas, Ros y punto y Hoy toca.

La verdad es que, aunque decidimos que nos íbamos a mojar cuando hiciéramos este meme, esta ha sido una pregunta muy difícil, algo así como que te llevarías a una isla desierta. Leemos entre los dos, alrededor de 60 ó 70 blogs diarios, con todo el placer del mundo. Esto son solo los de la isla desierta.

- ¿Eres lector anónimo de algún blog?

No. Cuando entramos en algún blog y lo leemos, nos gusta dar nuestra opinión, al mismo tiempo que nos encanta que nos den la suya cuando nos leen.

- ¿Te has enamorado alguna vez de algún blogger?

Si, de Alba y de Álvaro.

- ¿Con qué cinco bloggers te irías de borrachera?

Alba: Verde Melón, Cobre, Relaciones Publicadas, Pilar y Glauka.
Álvaro: Son los menos molan, Asco de vida, Azena, Night and day, y A pesar de mi.

Estamos buscando un local para irnos con todos (sí, ya sabemos que esta es una respuesta diplomática, pero no podéis quejaros de que no nos estemos mojando), pero de momento, los bares que conocemos estarían muy bien llenados con esos diez.

- ¿Has conocido a alguno más allá del teclado?

No, pero nos gustaría. Osea que decir día y lugar.

- ¿Estás satisfecho con tu blog?

No, y esperamos no estarlo nunca. El día que estemos satisfechos lo cerraremos. El mejor post siempre estará por escribir.

- ¿Qué blogs consideras de mejor calidad?

Alba: A cuestas con la vida, El mal de Batty, Lola Gracia, Diario de una chica de taintantos, Calma, Entre líneas.
Álvaro: El artista del alambre, Antiegos, Hoy toca, Adicta al chocolate, Maquis, Toro Salvaje.

No queremos repetirnos, pero ya sabeis, son todo los que están, pero no están todos los que son (y apuntároslo para la siguiente pregunta).

- ¿Algunos autores que te despiertan mayor simpatía?

Alba y Álvaro: Glauka, Lolita, Maria José, Thalatta, Cu, A pesar, Eterna, Almayer, Azena, Pilar, Allen, Príncipe, Lokita, Mikel, Toro, Un hombre virtuoso, Hermes, Melón, Ros, Relaciones publicadas, Son los menos molan, Castelo, la gente de iluminación, los que mueven el telón, los de edición de video, los cámaras, los guionistas y todos aquellos que hacen posible el milagro del cine.

Mírame mamá, estoy en la cima del mundo (premio para el que sepa el actor y la película de esa frase).

Que se apunten para hacer el meme todos los que se vean incluidos en la respuesta a la última pregunta.

Y por supuesto, gracias especiales a Seoman por darnos la idea del meme.