Me siento frente al ordenador para leer tu post y sonrío. Dices que estas aquí, que has regresado para darme una sorpresa. Y cerrando mis ojos soy capaz de imaginar que de verdad estas aquí. Me pierdo entre tus palabras e imagino tus manos bajo mi blusa, sobre mi piel, en mis pechos, acariciando, apretando. Tus manos despojándome de toda la ropa que cubre la parte superior de mi cuerpo. Y tu boca recorriendo mi piel.
En mi mente ahora estas tras de mí y has levantado mi falda. Tus manos están entre mis piernas, tus dedos en mi sexo. Me oigo gemir, me oigo pronunciar tu nombre muy bajito, me oigo pedirte que no pares, ojala no pares nunca. Imagino que tus dedos son remplazados por tu sexo y me aferro a la mesa como si de verdad tuviera que resistir tus envites, a la vez que mi cuerpo se pega al tuyo en mi deseo de llenarme completamente de ti…
Ojala estuvieras aquí.
Un sonido de pasos me devuelve a la realidad, abro los ojos y estas en el umbral de la puerta. No dices ni una palabra ante mi gesto de sorpresa. Yo a causa de la misma, he perdido las mías. Avanzas hacia mí levantándome de la silla, me besas y me abrazas con fuerza, y mientras me escondo entre tus brazos, me olvido completamente de todas las preguntas que hace un momento se agolpaban en mis labios.
Porque ahora mismo lo único que de verdad importa es que estoy entre tus brazos. Y que tenemos varias horas por delante…
Fotografía: Martin Kovalik
jueves, mayo 31, 2007
Ayer
miércoles, mayo 30, 2007
Se, sabes, sabemos...
Se que a esta hora vuelves de comprar, y de casa de tus padres. Se que sueles ir directamente al ordenador para mandarme un "ya estoy" y comprobar si hay algún comentario o he escrito ya algún post. Se que me crees en la oficina y estás esperando mi respuesta. Se que sabes que se todo esto.
Lo que no sabes es que no estoy en la oficina. Lo que no sabes es que me he encontrado "fatal" de repente y me he largado de allí. Lo que no sabes es que he llegado antes que tú y que me he ocultado mientras abrías la puerta y te dirigías al ordenador.
Se que ya sabes que esos pasos que oyes son los míos, y que te he devuelto en parte la sorpresa que me distes. Lo que no sabes es que esa solo es la mitad de la sorpresa. Se que sabes que estamos sólos y que nos quedan muchas horas por delante.... Lo que no se si sabes son las ganas enormes que tengo de besarte, y acariciarte....
¿Quieres saber algo más?
martes, mayo 29, 2007
Sorpresa
Tengo una sorpresa para ti. Sí, lo sé. Prometí no ponérmelo sin que tú estuvieras delante. Pero he hecho una pequeña trampa. Simplemente quería darte una sorpresa. Me lo he puesto y no voy a quitármelo hasta que vengas, porque hoy es martes de niños en casa de su padre, así que te esperare con él hasta que regreses.
Dejaré que me mires largo rato. Sólo mirarás. Luego lo tocarás, lo acariciarás. Y yo guiaré tus manos por mi cuerpo, despacio, sintiéndolas a través de la fina tela. Y me seguirás mirando porque nada oculto queda. Me voy a tumbar en nuestra cama y observaré mientras tú te desnudas, dejando tu cuerpo libre a mis miradas. Tu me desnudarás cuando y como quieras. Pero sé que lo primero que desaparecerá será el tanga, y dejarás mi cuerpo sutilmente tapado, mientras me besas la boca, el cuello, el pecho. Bajarás el tirante lentamente, y sentiré en mi hombro tu dedo, tu aliento, tus labios, notaré como tu boca baja hasta mis pechos, como los aprietas a la vez que tu lengua juega con mi pezón, como se va endureciendo en su interior. La dejarás allí, pero tu mano se deslizará en una caricia por mi cuerpo hasta mi sexo, libre, deseoso de tus dedos, de tu roce, de la calidez de tus besos y la humedad de tus labios. Te lo pediré. Te pediré que tu boca juegue con mi sexo hasta que no pueda más, hasta que mi cuerpo te cuente que sólo deseo tenerte dentro de mí, hasta que tus pensamientos únicamente estén en encontrarte en mi interior.
Quiero ver tu deseo, notar tu apremio, oírte decir lo que deseas.
Y así estaremos. Como antes. Con la misma fuerza que antes, haciendo del tiempo algo irreal y falso, convirtiendo los segundos en horas, y las horas en una noche eterna. Entre tus brazos sentiré que lo hemos detenido, lo hemos dado la vuelta y hecho andar hacia atrás, para volver a dejarlo correr hacia delante. Así esteremos, y sé que lo lograremos.
Ojalá hoy no tardes mucho, las tardes en Madrid continúan siendo frías.
lunes, mayo 28, 2007
Besos
Besos.
Besos tras lágrimas. Beso tras la tristeza.
Besos. Besos con sabor a ti.
Todo son besos.
Te toco el pecho y es un beso. Un beso si te acaricio la espalda. Es un beso trazar curvas con los dedos en tu culo. Besarte es, por supuesto, besarte el sexo. No es otra cosa que un beso si mi sexo se encuentra rodeado del agua de tu sexo. No es nada más, ni nada mejor que un beso lo que hago al moverme en tu interior. Un beso mientras apoyas tu mano en la pared ante mi empuje, un beso cuando volvemos al eterno juego de morirnos con más vida que nunca.
Todo son besos. Y un beso tuyo es todo.
Fotografía: Samantha Wolov
viernes, mayo 25, 2007
Susurros

Segun leemos en la revista "Quo", tardamos más en procesar las palabras que tienen una connotación erótica, debido a que la carga emocional que conllevan hace que el cerebro utilice más recursos para analizarlas. Por ello, el oido es básico en el tira y afloja del juego sexual.
Quizás por ello, hay veces que nos quedamos parados mientras cenamos y uno le dice al otro: "¿Quieres agua?".
Fotografía: Utopico03
jueves, mayo 24, 2007
miércoles, mayo 23, 2007
Quiero

Quiero tener tu sexo debajo de mis labios. Quiero ahogarme en el agua que surja de su centro. Quiero recorrerlo entero, del sur al norte, de una parte a otra, de oeste a este. Quiero caminar por él mientras tu vuelas. Quiero que el centro de tus pensamientos se encuentre exactamente donde mis labios se dirijan, sin que quieras pensar en otro sitio donde estar.
Si, quiero besarte el sexo, hacerte morir, nacer, subir, bajar, derrochar y desear. Quiero tus manos en mi pelo y que me atraigas. Quiero respirar dentro de ti, quiero decir: "ummm, me gusta".
Si, quiero comerte, Alba, atragantarme y digerirte, morderte, volverte y traerte más tarde, que te vayas y vuelvas, que me venzas y que caigas derrotada...
Quiero.
Te quiero.
Fotografía: Dean Agar
martes, mayo 22, 2007
Un descuido imperdonable
Dedos. Manos. Cuello.
Espalda. Labios. Deseo.
Agua.
Uy! Que desastre!
Se me ha olvidado poner los verbos.
En que estaría yo pensando.
¿Me ayudas esta noche?
Fotografía: Imagens
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lunes, mayo 21, 2007
Rico, rico
Ya es mayo, y comienza a hacer calor. Quedamos después de trabajar en una terraza, no vaya a ser que por no hacerlo todos los demás madrileños se queden con los primeros calores agradables del año. Ha sido un invierno muy largo, demasiado largo. Llevas esa camiseta blanca que tanto me gusta, llevas puesta la mirada de sonrisas color verano y y un pantalón vaquero a juego. Comienzas a jugar de manera tan natural como siempre. Me acaricias el rostro sin razón aparente, me sonríes, me pones un "te quiero" en los labios tras un beso. Juegas. Juega tu escote. Juega tu cuello. Juegan tus labios. Alargamos el momento tanto como el día. No hay nadie en casa, no hay niños. Estaremos sólos. Tu, yo, esa camiseta blanca y mis manos entre tu piel y su tela.
Subimos los tres en el ascensor. Porque sube el deseo con nosotros. Un deseo de mes de mayo. Un deseo de verano. Un deseo que hace que te bese, te acaricie el pecho, el culo, te coja el cuello para sentirte.
Al llegar a casa quieres seguir jugando. Quieres aprovechar todo ese tiempo que tenemos de regalo. Así que finges obligaciones caseras tan absurdas como hacer la cena. Como si tuviéramos hambre. Bueno, si que la tenemos, pero sabes perfectamente que no es hambre de comer... bueno, si, pero no sería necesario que prepararas nada. Nos reímos, nos deseamos. Te miro. Me quieres.
Hace calor incluso en casa. Así que es menester quitarse ropa. Me quedo sólo con la ropa interior, un pantalón corto negro. Tu eres más sexy, como siempre, y te pones a preparar una cena que no le importa a nadie (y no voy a repetir lo del hambre) sin haberte quitado la dichosa camiseta, pero si el pantalón, pero no los tacones, pero no el tanga negro ese que tanto me gusta. Hay muchas maneras de preparar una cena, pero que le den por ahí a cualquier receta de Arguiñano. Tu si que sabes lo que es estar rica, rica.
Me acerco por detrás y huelo tu cuello. Beso tu cuello. Mis manos besan tu cuerpo. Haces a todo mi cuerpo labios que te recorren, que te delimitan, en el absurdo caso que se pudiese delimitar el deseo, o que pudieran elegir la parte que más les gusta.
-Al final, como sigas asi, no vamos a cenar -me dices divertida-
-Te aseguro que si, no te preocupes. -te contesto al tiempo que mi mano explora tu pecho.
Me pego y procuro que notes como mi sexo habla por mi. Lo pego a tu cuerpo, y cada vez habla de manera más alta y más clara. Has dejado ya que tus manos intenten hacer otra cosa que apoyarse en la encimera de la cocina, y echas la cabeza hacia atrás, dejando que tu cuello me haga desearme convertirme en un vampiro, aunque creo que sería agua lo que saldría de tus venas, agua que circularía desde tu sexo, donde mis dedos ya se han aventurado, y encontrado los pliegues donde se esconden tus últimos reproches.
Tu respiración se vuelve agitada y nerviosa, y tu mano me busca, y me encuentra. Puede que estemos en la cocina, puede que hayas estado preparando la cena. Pero ahora el juego ha terminado. Pero lo que es seguro que ahora nos da igual todo, y que tus manos liberan mi sexo y lo aferran, No durante mucho tiempo, porque busco apartar la tela y entrar en tu cuerpo. Lo notas y me ayudas, y me deseas, y me respiras, y tu cuerpo se tensa. Y me susurras, y tiemblas.
Huelo tu pelo y mi sexo te encuentra. Beso tu cuello y el agua nos envuelve. Agarro, recorro, acaricio, siento tu pecho, y tu me dices te quiero. Me derrumbo, me tenso, me muero y tu sigues mis pasos.
La cocina vuelve a rodearnos, apareciendo detrás de los sueños de donde regresamos.
Sonríes.
- Rico, rico -dices, y me pones un poco de perejil en la cabeza...
Fotografía: Imagens
domingo, mayo 20, 2007
Verano

Llega el verano y te conviertes en promesa, en sueños que se despliegan a través de la tela que te cubre durante el día y de la que tan rápidamente te despojas por la noche. Tus escotes me seducen desde ángulos imposibles, y prometen a mis caricias el campo libre a tu pezón desnudo y ahora oculto. Sueñan mis dedos en recorrer ese corto tramo de piel que escondes. En verano juegas con el viento y con la luz, y todo parece llenarse de tu sonrisa. En verano, la silla de una terraza en Madrid es el trono de tu palacio, una calle su salón de baile, una acera el cámino donde con tan sólo andar haces descubrirse mi deseo. En verano te transformas en promesa y sueño.
Y todo se cumple cuando te despliegas entre sábanas innecesarias y me muestras la verdad de todo lo que tu prometías y todo lo que yo soñaba.
Fotografía: Dusan
viernes, mayo 18, 2007
jueves, mayo 17, 2007
Gente de agua
Está claro, viendo los blogs de muchos de vosotros, y los comentarios, que no somos los únicos a los que nos gusta el agua. Y también lo está que los ha habido en todas las épocas. Hace un par de días, ojeando una revista de historia, nos encontramos con una anécdota atribuida a Paulina Bonaparte. Paulina fue la segunda hermana de Napoleón, princesa de Borguese y duquesa de Guastalla, Se dice que era una mujer de gran belleza y de no menos carácter, y fue conocida en su tiempo por sus múltiples amantes, su afición al lujo y su amplia cultura. Rasgos todos ellos que no la impidieron ser la única miembro de la familia que intento ayudar a su hermano en su caída, incluso mandándole sus joyas para financiarle.
Cuando vivía en Roma, hizó amistad con el escultor Antonio Canova, a quien hizo un encargo muy especial. Le pidió que la esculpiera desnuda. Para ello posó ante el escultor durante varias semanas. Cuando Canova terminó la obra, una dama le preguntó a Paulina si no se había sentido incómoda durante aquel tiempo.
Y Paulina respondió ingenuamente:
- ¡Oh, no! El estudio de Canova tiene muy buena calefacción.
Pues eso, le gustaba el agua.
miércoles, mayo 16, 2007
Te propongo que leas esto

Te propongo que leas esto y hoy no hablemos más del tema con palabras, pero sí con miradas que lo digan todo. Y nos diremos que, esta noche, cuando el resto del mundo nos deje solos, me vas a esperar con tu cuerpo desnudo tendido en nuestra cama, dispuesto a que mis manos lo recorran de nuevo, dibujando en tu espalda caminos eternos y a la vez nuevos, mientras mi sexo se enciende a tu contacto, cada vez más deseo y menos parte de mi cuerpo.
Te dire con esas mismas miradas que intentare tener la certeza de llegar al momento en que lo único que te importe es que mis dedos y mis manos cambien la piel de tu espalda por los pliegues de tu sexo. Y lo harán, lentamente al principio, abarcando a veces el interior de tus muslos con la mano abierta, para pasar de uno a otro a través de tu centro, y que en cada pasada estés más llena del licor de agua que estaras deseando que recoja sobre mis labios.
Pero mis miradas hoy te dirán que mi boca deberá esperar su turno tras mis dedos, porque será mi sexo quién con toda seguridad los sustituya. Será él quién se abra camino hacia las puertas del agua en que se habra convertido la convergencia de tus piernas. Será mi sexo quién comience a bailar mojado en tu placer. Será mi sexo quien te llene y se vacie para ello. Será mi sexo quién una y otra vez jugara contigo el eterno juego, entrando donde siempre quiere estar y saliendo de donde nunca quiere salir.
En fin, hoy será mi sexo quien te llene y se vacie para ello.
Y luego, luego ya hablaremos del turno de mis labios... o los tuyos.
Fotografia: Michael Avran
lunes, mayo 14, 2007
Pequeña fotografía de deseo #13
y sólo te pones ese vestido corto para estar por casa...
Fotografía: Andy Hunger
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viernes, mayo 11, 2007
Nos gusta mirar #9
Sexy Scene with Jamie Pressly - The best free videos are right here
"Poison Ivy" (1997) de Kurt Voss
jueves, mayo 10, 2007
Hay arañas... y arañas.
¿Que... ya te van gustando más las arañas?
miércoles, mayo 09, 2007
Provocación
Las noches en Madrid continúan siendo frías, así que decido ponerme las medias bajo la falta corta cuando salimos a tomarnos algo. Entramos en nuestro pub favorito. Hay bastante gente, como corresponde a una noche de sábado. Me quito la chaqueta mientras tú pides nuestras bebidas y como no queda una sola silla libre nos apoyamos en la barra. Sonrío cuando tus ojos se posan en el escote de mi camiseta de licra, completamente ceñida a mi cuerpo. Acercas tu boca a mi oído para decirme lo guapa que estoy y uno de tus dedos roza mi pezón que se endurece inmediatamente al sentir tu contacto. Sabes que no llevo ropa interior pues esta camiseta es muy ajustada, aunque no te hace falta saberlo porque en este momento es claramente visible. Ahora eres tú el que sonríes al ver que me turba ligeramente la situación; te gusta jugar, te gusta provocarme cuando hay gente a nuestro alrededor. Pero a mi también me gusta jugar y me pego a ti, mis caderas contra las tuyas, mis manos volando hacia tu sexo, tan solo un momento. Tú te remueves inquieto y un ligero rubor asoma a tus mejillas. Yo sé que tú no te sientes violento en estas situaciones, sino que te excitan, así que sé que el color que asoma en tu rostro, se debe al movimiento que acabo de efectuar. Vuelves a acercarte a mi oído y empiezas a contarme como te gusta el sabor de mi sexo, como te gusta que tu lengua resbale por él mientras mi creciente humedad te habla de la excitación que voy sintiendo, cuanto disfrutas al sentir su suavidad en tus dedos. Tu mano se cierra en torno a uno de mis pechos y yo me aparto con el pulso latiendo a toda velocidad.
Pero tú no puedes quedarte quieto. Ahora es tu otra mano la que se introduce entre la barra y mi cuerpo y me empiezas a subir la falta lentamente. Tus manos por mis muslos y el borde de mis medias, por mis caderas para acabar descubriendo que la ausencia de ropa interior no se limita tan sólo a mi pecho. Me gusta ver las expresiones que se reflejan en tu cara: primero una ligera perplejidad, luego reconocimiento para acabar con una ligera sonrisa en tu boca.
- ¿Se te ha olvidado algo?
- Puff. Ya sabes lo despistada que soy.
- Me gusta -. Tu mano se adentra entre mis muslos. - Me gusta- repites.
- Álvaro, nos pueden ver
- Lo sé - dices mientras introduces uno de tus dedos entre mis labios y acallas las protestas de mis otros labios con tu boca. Intensos cosquilleos recorren mi sexo al compás de los círculos que traza tu dedo y todo mi cuerpo se estremece. Mi mano se posa un momento en ti y me gusta lo que noto, lo que siento.
Te apartas y das un sorbo a tu bebida. Me has dejado estremecida, temblorosa y deseando más, mucho más. Se te ve tranquilo y relajado, aunque yo sé que no lo estás. Bebemos. Nos miramos. Sonreímos. Te cojo tu mano y me llevo tu dedo a mi boca para lamerlo ligeramente mientras miro tus ojos. Tu piel me devuelve mi propio sabor. Acercas tu cara a la mía
- Yo también quiero saborearte y me apetece muchísimo ir al agua. ¿Vamos?
Y claro, tal y como yo tenia el cuerpo ¿cómo podía negarme ante tal petición?
Fotografía: Sabine Schoenberger
martes, mayo 08, 2007
¿Recuerdas?
¿Recuerdas?
Sonaba está canción y tu me llamaste desde el agua. Con la mano tendida y tendido un "ven conmigo" en la comisura fina de tus labios.
Entre contigo, tras los sueños que me mojaban mi cuerpo viniendo de tus ojos. Nos abrazamos. Puede que en ese instante no hubiera nadie más en el agua, en la calle, en el mundo. Puede que ese instante fuera el más importante de todos los instantes. Tu y yo en el agua.
Yo te susurraba la canción, muy bajito al oído. "Si tu no estas aquí". Pero estabas. Delimitada por mis brazos. Al norte mis labios, al este el deseo, al oeste mi piel, al sur mi sexo. Y en ese sur que siempre existe, el agua era lo único que existía entre, sobre, contra, al lado de nosotros. Y nos unimos como siempre y como nunca, en medio de palabras susurradas y labios compartidos, al lado de la madrugada y de los amantes invisibles. Bailábamos con nuestros sexos enlazados. Yo te susurraba, yo te amaba, yo te hacia el amor, yo te besaba.
Recuerdas
lunes, mayo 07, 2007
Nuestro sitio
y quieras que vayamos juntos...
El futuro, Alba, el futuro.
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Fotografía: Nuno Belo.
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domingo, mayo 06, 2007
A veces tienes, tenemos frío
A veces tenemos frío. A veces mis manos han estado congeladas. Como tu mirada a veces. Que se congele una cosa no significa que no exista. Tan sólo hay que aplicar el calor suficiente. A veces tienes frío, pero estas ahí.
Estas ahí. Tras la sonrisa de tus miradas, tras la sensación que transmiten tus caricias. Tras difíciles caminos que me empeño en recorrer por si encuentro la salida. Estas ahí, tras tu andar femenino de idas y vueltas alrededor de lo cotidiano. Tu cocinando, tu yendo a nuestra habitación a por una chaqueta por que tienes frío. Siempre vas en pareja en esas ocasiones. Tu y mi deseo. Me gusta verte. Me gusta ver el perfil de tu pecho destacando de tu cuerpo. Y cogerte el pecho por debajo de la ropa, aprovechando un hueco. Y sentir tu breve temblor. A veces me reprochas, porque tengo las manos frías. Y me retiro sabiendo que lo que quieres es que las tenga calientes, no que no repita la caricia.
Sonríes y te deseo. Caminas y te deseo. Me miras y te deseo. Me parece que hay algo en común en estas frases. Una vez te hice tanto daño que a veces te escondes tras las caricias, el deseo y la dureza de tus pezones bajo mis dedos, y tienes, tenemos frío. Me dejas una puerta que esta hecha de reproches por no haber sabido estar a la altura de tus sueños. Y sufren mis caricias por alcanzarte. Nunca te vas del todo, sólo te alejas lo suficiente como para buscar calefactores en pequeños momentos. Pero creo que nunca te has ido a más distancia de las que suponen dos caricias, dos deseos, dos besos, nuestros dos sexos, dos miradas.
Nos une el agua, pero si se congela nos aprieta justo en el medio del alma. Somos agua, pero si hace el suficiente frío nos cuesta movernos y nos quedamos quietos. Me pides regalos y a veces me quedo sin papel de envolver, y me da vergüenza enseñarte mis toscos deseos sin el adorno que se supone que todos los regalos deberían tener.
Odio tu frío que me congela las manos. Odio ser hielo y causarte frío. Odio ser la causa del viento helado. Odio tener que perder un tiempo precioso en cerrar ventanas que yo deje abiertas, en aplicar burletes para que no haya rendijas por donde entren los helados recuerdos, en encender la chimenea en la que yo eche tierra, en buscar ropa de abrigo que escondí en los armarios, en colocar otra manta en nuestra cama para compensar la que quite. Así que a veces me odio y tengo frío. Pero estás ahí.
Estás ahí. Y conozco, o creo conocer, o quiero conocer, los sistemas para calentar el agua. Es una técnica complicada pero efectiva que combina la elevación de gases de caricias con un disolución al 50% de deseos aplicada con mis labios en tu espalda. Me gusta tu espalda cuando soy yo quien te la coge y no tú quien me la das. Me pides regalos y yo sólo puedo decirte que ya los tienes. Ven y acércate. Juntos tendremos más calor, hará menos frío. Date la vuelta en la cama pero sólo porque tienes sueño y quieres sentirme tras de ti.
Te deseo, Alba. Y soy un Rey Mago con un calefactor y todos los regalos que pediste en tu carta. Te quiero, Alba, y no hay nieve, ni frío, ni colina helada que pueda hacer que mi calor no llegue a convertir en agua, en este agua que nos gusta, todo el hielo que puedas concebir.
viernes, mayo 04, 2007
Regálame

Agárrame fuerte y estréchame entre tus brazos. Y regálame tus besos, esos que repartes por mi cuerpo y mis labios mientras me aprietas con fuerza, como si temieras que pudiera escapar en ese mismo instante. Para que pueda recordar besos que me traen sabor a comienzos y a ilusión. Besos cargados de sueños de futuro, de esperanzas. Aquellos.
Regálame el deseo de tu sexo, regálaselo al deseo que llena mi cuerpo e invade mi alma, y tras él poder ocultar temores y dudas. Déjame sentirte en mi interior como si nunca pudieras dejar de estarlo, para que pueda olvidar que en algún momento hemos dejado de ser uno para convertirnos en dos, uno inalcanzable otro incomprensible. Volver a sentir que nos une un mismo destino y que el camino que cada uno tenemos por delante es inexorablemente uno sólo.
jueves, mayo 03, 2007
Quiero morir en ti
Quiero que me pongas ante el pelotón de fusilamiento de tus ojos y me dispares esas miradas de deseo que tan poco hieren y tanto excitan.
Quiero que ahorques mi sexo entre tus manos, que lo ahogues con los los labios.
Que decapites a caricias la ansiedad de tenerte entre mis brazos.
Quiero que me encierres a sexo y agua, pero de esta agua de la que siempre estoy sediento.
Quiero morir en ti, y mientras tanto, ir matándote.
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Que ahorren otros
Se precisan de 40 a 60 vatios para conseguir el orgasmo en una mujer...
Fotografía: Oleg Tityaev
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martes, mayo 01, 2007
Nos gusta mirar #8
Kim Basinger Sex Scene - These bloopers are hilarious
"Nueve Semanas y Media" (1986) de Adrian Lyne











